ourobouros
¿hacer algo kitsch, por el valor ironico, o por qué es kitsch? ¿si es por lo segundo, estaría haciendo algo kitsch porque es kitsch? porque es ironico ser ironico. Porque hacer chistes malos a drede es ironico, y si se hacen tantos chistes malos a propósito, entonces, la gente que con conocimiento de causa los sigue haciendo encuentra que es kitsch reirse de algo kistch?
yo me entiendo.
Anexo al post anterior
“los asaltantes saben que tienen solo unos pocos segundos para el atraco, así que no los ponga mas nervioso. “
(oído en canal 7 a las 14.44)
Segundo congreso iberoamericano para la prevención de la delincuencia.
A mi me han asaltado mas de trece veces, todas ellas a la salida de mi casa. Sospecho que mis agresores son los vecinos del 105, estas sospechas están fundadas en el hecho de que uno de ellos, no estoy seguro si el padre o el hijo mayor pues ambos portan un bigotillo y la misma mirada derrotada, cada vez que nos encontramos en el portón mira con avaricia el bolsillo trasero de mi pantalón, donde guardo mi cartera. Cuando regreso del trabajo intento caminar lo mas rápido posible desde la parada del microbús hasta la puerta de mi edificio con mi maletín apretado contra el pecho pero hay veces en las que tardo en abrir la puerta pues algún malhechor rompe el foco de la entrada segundos después de que lo cambian haciendo imposible encontrar la llave correcta para el orificio correcto. Mientras hago malabares con mis llaves, mi celular, mi mp3 y mi maletín siento el filo de la navaja sobre mi espalda. Siempre son las mismas palabras vulgares susurradas a mi oído, la misma peste a mezcal barato. Una o dos de las primeras veces me orine al sentir la presión de la navaja buscando su lugar entre mis costillas. Me dicen que no volteé, me toquetean la totalidad del cuerpo y estoy casi seguro que mi asaltante pone especial atención en toquetear mis nalgas, seguro que aumenta la satisfacción sexual del robo (se muestran gráficas en powerpoint que demuestran la veracidad de esta afirmación) . Después que me han despojado de mis pertenencias me dejan contra la pared hasta que se internan en la oscuridad de los pasillos aledaños a mi residencia. A veces entro a casa en estado de shock, a veces oigo como las puertas se entreabren para que mis vecinos puedan disfrutar del espectáculo. Cuando llego a casa me encierro en mi habitación y lloro hasta que mi tristeza se ve reemplazada por la necesidad de buscar un nuevo celular en internet, eso me da una enorme satisfacción. Mi mujer me dice que deberíamos de buscar un nuevo hogar, que ya no soporta no poder salir a la calle sin temor a ser violada, yo le digo que no sea tonta, que sería lo mismo, lo único que cambiaría sería el modo y las voces de nuestros agresores.
Yo trabajo en el turno nocturno en una compañía de software, y regreso a casa por la madrugada, la paga no es mala así que no me quejo. Dada mi soltería busco la sonrisa de la cajera del 7-eleven que siempre parece despertar en el momento que atravieso la puerta. Doy un par de vueltas por el local aunque siempre compre lo mismo, un litro de leche y una cajetilla de camels. Ruego porque haya fila para pagar para así poder admirar la tez morena de la empleada, que resalta entre productos de colores chillones, enmarcada por la repisa de bebidas alcohólicas detrás suyo. Un treinta o cuarenta por ciento de las ocasiones me veo en medio de un asalto a la tienda, entran un par de hombres con la cara cubierta con mascaras de Bush y Osama Bin Laden y nos apuntan con una pistola aparatosa, a veces pienso que no es de verdad, que no es mas que un trabajo de artesanía, un juguete robado a los hijos de los malditos que se aprovechan de nosotros. Yo me tiro al suelo, no sin antes esconderme en el calcetín izquierdo el cambio para pagar mis compras y las llaves de mi auto. Nunca se llevan mas de trecientos pesos de la caja, mas lo que logren sacar a los temerosos clientes que se intentan escurrir hasta la salida. Todo esto no dura mas de unos minutos, en los cuales la cajera repite la secuencia de pedir auxilio con la mirada y luego congelarse en su sitio. Después de eso todos nos reímos y yo aprovecho el estado en el que se encuentra Karla, la cajera, para ligar con ella. Vale la pena perder un par de billetes de cincuenta a la semana con tal de compartir esos instantes de terror e impotencia con ella (uno de los asistentes le da consejos de como lograr un óptimo acercamiento romántico al locutor cuando este baja del podio).
Creo que es difícil superar lo dicho pero siendo yo una mujer joven y atractiva (el publico confirma esto mediante chiflidos aprobatorios a su físico) creo que puedo aportar una pequeña anécdota a todo esto. De vez en cuando me gusta ir de antro con mis compañeros de la universidad, ahí pasa lo usual, bebemos de la barra libre mientras podemos, aún sabiendo que posiblemente haya todo un coctel de pastillas mezcladas entre nuestras bebidas. Uno de ellos a veces se ofrece a llevarme a casa, lo cual es un alivio, se que él esta enamorado de mi y también se como sacar provecho de esto, gorreandole un par de cigarros y ahorrándome el taxi hasta la casa de mis padres. A veces se lo agradezco dejando que me agarre los pechos de un modo que el cree discreto, otras veces pongo mi mano en su entrepierna; Pero no crean que soy una fácil, yo solo hago uso de lo que dios me otorgo, algunos usan el cerebro, yo uso un escote bien revelador, eso si, jamas le saco la verga del pantalón, pues creo que eso daría pie a esperanzas de que él se pueda casar conmigo y cogerme cuando al le venga en gana. En fin, una de esas ocasiones creo que maneje mal mis palabras y él termino yéndose con Patricia, que estudia psicología. Después de buscar otro wey que me pudiera llevar termine resignándome, y armándome de valor, con grandes cantidades de caballitos, salí del local en busca de un taxi, eran las tres de la mañana y quizá yo soy demasiado ingenua a la hora de buscar transporte pues me pare a mitad de la alameda con la manita en alto esperando que algún taxista se fijara en mis piernas y se apiadara de mi, llevándome. En su lugar me encontré siendo rodeada por cinco policías que miraban con lascivia mi cuerpo, uno de ellos se puso detrás mio y podía sentir algo duro contra mis nalgas, que por cierto ejercito con una rutina de 50 sentadillas y la ayuda de un par de cremas reductoras y reafirmantes, al principio pensé que era la punta de su metralleta (el moderador da una breve explicación acerca de la carrera armamentística entre fuerzas de seguridad y criminales) pero luego sentí que lo que se aplastaba contra mis glúteos era su pene, pues era de un tamaño mucho menor. Me llevaron a empujones hasta el interior de su patrulla, dos de ellos se metieron conmigo y el resto prometieron a sus camaradas encontrarse en el cerro de la estrella. Cuando me sacaron me jalaron de los pelos, una terrible pena pues acababa de ir a la peluquería por un corte de 400 pesos, y me encontré en un lugar desconocido, pensé que me iban a encontrar varios días después muerta y con la ropa llena de semen, las cavidades de mi cuerpo sangrantes y forzadas, la cara toda morada. Temí al hecho de que algún compañero de la escuela, bueno, uno en especial con el que quería algo pero ya no, porque es un idiota y no sabe lo que quiere, viera una foto mía post-mortem en tan vergonzoso estado cuando pasando por los puestos de revistas me encontrara golpeada y violada en la portada de alarma! o el gráfico. No me iban a matar, revisaron el contenido de mi pequeña bolsa gucci que tanto me costo sacarle a mi padre y sacaron mi celular y mis tampones, riéndose de mi como pequeños salvajes, el mas inteligente, si se le puede llamar así, encontró en una de mis carpetas privadas algunas de las fotos que me tomaba semi-desnuda para mi facebook. Se pasaron el celular unos a otros, pajeandose mientras me veían. Me dijeron ora si perrita, mamanoslas a todos y golpeándome en los costados de las piernas me obligaron a ponerme de rodillas. Uno de ellos se negó a participar, no por su alta moral, sino porque no quería parecer puto sacándose la verga enfrente de sus amigos, o eso dijo, así que este se fue a beber una cagüama sentado en el borde de la patrulla. Sentí un gran alivio al saber que solo iban a ser cuatro. Accedí a chuparselas, no tenía mucha practica, no se crean, con la condición que después me acercaran a mi casa. Cuando hube terminado me pasaron un trapo para limpiarme y uno hasta me ofreció una chela. Los muy putos se quedaron con mis calzones y me dejaron a la salida del metro balderas con dinero para un taxi. En el camino el taxista y yo tuvimos una profunda platica que me llevo a descubrir que ya no soy tan joven, que debería dejar de ser tan tonta y conseguirme a un hombre que me lleve de un lado a gratis con tal de que lo deje toquetearme (varios hombres del publico le dan su número de teléfono y el modelo y año de sus autos).
No es por querer dejar mal parados a los demás, pero a mi me han asaltado en cada transporte que he tomado al menos una vez en mi vida. Para ir a la secundaria tenía que tomar dos camiones, y en uno de esos viajes una pareja de payasitos, un hombre trajeado y dos cholos se subieron en el transcurso del viaje pero a horas diferentes para asaltarnos. Los últimos se llevaron nada mas que nuestros zapatos y en mi caso, también mis útiles escolares (el publico rompe en aplausos). Superados esos traumas de la niñez seguí viajando, y me siguieron asaltando, para ir a la oficina tenía que viajar desde copilco hasta guerrero. Tenía que calcular bien la hora de mi partida pues al cuarto para las 8 en niños héroes se subía un grupo de maleantes que iban de vagón en vagón asaltando a la gente amenazándolos con escupirles fuego, traían una botella de coca-cola llena de gasolina y un encendedor desechable, así fue como aprendí a guardar parte de mi dinero dentro de mi mochila, en un bolsillo secreto cosido especialmente por mi novia de aquel entonces (algunas de las mujeres mas distinguidas de la primera fila avientan sus sostenes al podio). Al principio era el chico de los recados y tenía que viajar constantemente para entregar cheques a diversas oficinas. A veces, cuando la prisa por irme a almorzar eran mayores que mis ganas de quedarme con el presupuesto que me daban para los viajes me decidía a tomar un taxi, y en las ocasiones en que este se encontraba atrapado en el terrible trafico de la mañana algún ratero se las ingeniaba para entrar al taxi y sacarnos todo lo que podía rápidamente, aun cuando había patrullas rodeando el lugar. Cuando ascendí de puesto y pude comprarme un auto me pasaba lo mismo, cada que iba al cajero automático por las noches era asaltado y golpeado, me dejaban en el suelo pidiendo ayuda. La cámara de seguridad me enfocaba y estoy seguro de que los de seguridad se reían de mi desgracia cuando revisaban las cintas por la mañana. Alguna vez hasta se llevaron mi carro, en esa ocasión reporte el robo pues le había tomado cariño a mi bonito atoz verde. La policía lo encontró tres meses después en un callejón completamente desarmado, sin llantas y montado en tabiques. Estaba todo grafiteado y había un perro muerto dentro (el público entra en un frenesí, la gente aplaude, rompe los asientos, se lanzan a una improvisada orgía para canalizar su éxtasis) . No se como se las ingenian los criminales para localizarme donde quiera que estoy, parece que están empeñados en hacer mi vida miserable (Cuando el hombre se retira el público hace una ovación de pie durante varios minutos hasta que los de seguridad imparten el orden a golpe de macanazos y granadas de gas lacrimógeno).
Yo alguna vez me vi en la penosa necesidad de robar carteras en los mercados y creanme, no se como pueden disfrutar de estas historias de decadencia, no podemos dejar que la delincuencia siga haciendo de las suyas en nuestra ciudad, los niños compran cocaína a los vendedores de bon-ice, los narcos conducen autos del año, los gobernadores son comprados por el módico precio de no matarlos, no podemos salir a la calle sin temer por nuestras vidas, el número de violaciones aumenta monstruosamente cada semana. Este morbo, esta beatificación de la delincuencia no hace mas que dejarlos en la impunidad. Tenemos que encontrar el modo de combatir este cáncer de nuestra sociedad. (el publico lo abuchea, le avienta piedras y él se tiene que ir corriendo protegido por los guardias de seguridad. En el estacionamiento es asaltado y acuchillado, muere desangrado junto a su auto aferrándose a su cartera con 40 pesos y su credencial del sindicato de maestros).
Grandes inventos del siglo XXI
“Mira, ahí esta la cámara” me dijo la mujer que hasta hace unos segundos me había aterrorizado diciendo que era interna en el consultorio donde me encontraba, que me decía que yo iba a ser su conejillo de indias, su sujeto de practica. Se acerco a mí con un par de pinzas enormes diciendo que iba a practicar como extirpar una muela conmigo. Le dije que no, que yo quería que me atendiera el doctor Rosales en el cual confiaba hasta ese momento. El Dr. Rosales era mi dentista desde los 15 años, desde que me rompí un diente tras caerme de las escaleras de mi casa. El doctor me sostuvo con sus manazas, me empujo contra la silla de plástico y metal mientras una mujer que jamas había visto en el consultorio me intentaba cegar acercándome las lamparas a la cara, haciéndome sudar. Me dijo que no había problema, que él iba a cuidar toda la operación. Ella lo interrumpió diciendo que este era su primer procedimiento y que planeaba hacerlo sin anestesia, era un nuevo método supuestamente indoloro. Yo me revolvía en mi asiento y le rogaba al doctor Rosales que me dejara ir, lance todas las excusas que pude, les dije que tenía que ir al baño, que tenía una cita, que mi madre estaba muy enferma pero ellos hicieron caso omiso de lo que decía. La chica prendió el taladro y lo acerco a mis dientes, a pesar de que yo solo venía a hacerme una limpieza de rutina. Les pedí que me dejaran ir, le dije al doctor que prefería hacer otra cita y que su interna podía practicar con otro paciente. Esperaba que me ataran a la silla en cualquier momento para arrancarme la quijada con unas pinzas oxidadas. “Cálmese Srta. De Anda, todo va a salir bien” me decía el doctor mientras su asistente me abría la boca a la fuerza, acercando el taladro a mi cara. Empuje al doctor haciéndolo caer de su asiento, se levanto y me sostuvo con mayor fuerza. Pensé que mi doctor se había vuelto loco y no supe como escapar de esa situación de otro modo que no fuera a la fuerza. Tome un escalpelo y lo sostuve contra el cuello de la asistente, pedí que me dejaran ir o le iba a rebanar la traquea a la muchacha. Me puse a llorar y entonces la asistenta se quito el tapabocas y señalo a un rincón del consultorio, me dijo “sonríe, esto es una broma”.
Desde el momento en que me obligaron a firmar un contrato para que la televisora pudiera usar la grabación de mi tortura/broma decidí que no iba a volver a salir de casa jamas, no podía arriesgarme a que me engañaran así otra vez. Temí que si salía a comer me iban a poner una cucaracha en la sopa, que si iba por la calle un hombre iba a robarme la bolsa para luego abrazarme a la fuerza y decirme que todo estaba bien, que era una broma. Pensé que si se me ocurría ir al cine iba a entrar un comando de hombres armados y me iban a poner la punta de una metralleta en la nuca, tomándome como rehén y llevándome en la cajuela de un auto destartalado durante horas hasta que me bajaran del auto justo antes de llegar a la frontera y se rieran de mi y me incitaran a reírme de mi desgracia, aunque fuera una risa nerviosa, todo con tal de no hacer quedar mal al programa de televisión.
Tire la televisión a la basura, esperando jamas verme llorando y gritando dentro de la pantalla. Que lastima, era una hermosa pantalla de plasma de 52 pulgadas con programación satélital y sonido surround. Llame a mi madre e invente una historia acerca de lo mal que trataban a los empleados de su programa favorito de las mañanas, el mismo en el que me dijeron iba a aparecer, solo para persuadirla de verme sufrir. Me regalaron un par de boletos para asistir a la grabación de un show de la cadena, estos boletos fueron tirados a la basura en el mismo momento que salí del consultorio. Pensé en demandar al Doctor Rosales por prestarse a ese tipo de entretenimiento barato pero desistí por temor a que mi abogado fuera un payaso encubierto que a medio juicio se volteara a verme y me señalara a una cámara que jamas se hacía presente. Los días siguientes de mi encuentro con Daniela Avila, la odiosa presentadora que tenía su propia sección regular en el programa, los pasé abasteciendome de fideos instantáneos, spam, comida congelada y garrafones de agua que apile en el cuarto de servicio de mi departamento. A mi jefe le dije que mi madre había tenido un infarto y tenía que cuidarla bien de cerca. Logre que accediera a mandarme el grueso de mi trabajo a casa, desde donde mandaba los reportes de cuentas y demás, con cada número que anotaba daba gracias a dios por que no me hubieran despedido; Sin una fuente de ingresos constante jamas podría mantenerme dentro de la seguridad de mi hogar. Era sorprendentes las facilidades que el siglo XXI me ofrecía: podía comprar mi ropa de catálogos de diseñadoras alemanas que también eran dj’s, mi comida me la mandaba una web de comida orgánica cosechada sin lastimar a la fauna del lugar, mis cuentas de banco, de luz, de agua, de teléfono podían ser pagadas por internet con solo mi número de cuenta. De haberme decidido al ostracismo unos años antes hubiera tenido que conseguir alguien en el exterior que me trajera todo, tendría que haber creado un sistema de poleas con una cubeta para poder recoger desde la ventana todos los alimentos que el empleado del supermercado me traería sin falta todos los sábados en la mañana.
Pronto me encontré teniendo una vida plena y sin dificultades por internet. Todos mis amigos del trabajo me contactaban desde el messenger, veía los estrenos del cine en la pantalla de mi computadora y participaba activamente en un par de foros de costura y de música. Las ultimas noticias del mundo me llegaban de enlaces rss directamente a mi correo y hasta me abrí un blog donde hablaba de mi vida confinada a 46 metros cuadrados (menos el baño y el cuarto de servicio, que extrañamente no venían incluidos en los planos del departamento) y una mañana me encontré que había mas de docientos comentarios en mi post del día 21 de marzo, donde comentaba mis problemas para arreglar la tubería de mi casa sin llamar a un plomero por miedo a que me reconociera de la televisión. Mi post venía con mas de 10 fotos (incluida una en la que salía yo con la camiseta empapada, un pequeño regalo para los vouyeristas que pululaban mi pagina) y mis consejos sobre como arreglar la regadera sin mayor ayuda, yo solo pedí auxilio a mi padre en los momentos de desesperación y para un par de cosas puntuales. Me hice de un par de mis comentaristas, que también mantenían un blog de temas completamente diferentes al mio, pero aún así eran igual de interesantes. Me encontré siguiendo las vidas de personas que jamas hubiera conocido de otro modo. Me agregaron al messenger y tuve vividas platicas con ellos, que eran todos muy graciosos e ingeniosos, que me mantenían despierta hasta las tres de la mañana. Uno de ellos mostraba un interés especial por mi, se llamaba (o eso decía su nickname) Francisco y al parecer había terminado con su novia de toda la vida pues ella lo había engañado dejándolo dolido y desconfiando de las mujeres. Nos hicimos amigos y él me mandaba fotos de sus vacaciones en Acapulco, donde salía abrazado de quienes él decía eran sus primos y amigos de toda la vida, todos tenían mas o menos el mismo estilo de cabello y el mismo bronceado y el mismo bañador. Todos ellos sonreían del mismo modo, miraban fijamente a la cámara y parecían muy felices. Me contó la historia de cada uno de ellos, un pequeño resumen de sus desgracias.
Yo soñaba con Francisco casi todas las noches, se aparecía en el escenario de mi subconsciente con la misma cara que tenía en sus fotos del messenger y me decía cosas al oído. Me abrazaba e íbamos a pasear a lugares que en mi vida había visto, montábamos a caballo, nadábamos en el mar que aparecía de fondo de sus fotos de vacaciones. Muchas veces me encontré tecleando “te quiero”, escribiendo declaraciones de amor que pronto borraba y olvidaba; Él me preguntaba que era lo que escribía y borraba una y otra vez, yo le decía que me había equivocado de conversación hasta que un día me escribió “Que lastima, yo esperaba que me dijeras que tu también has sentido lo mismo que yo. Me divierto muchísimo contigo y tus palabras de aliento cuando me deprimo [algo bastante frecuente] me levantan el animo. Deberíamos de vernos alguna vez”. Yo le declare mis sentimientos casi inmediatamente después, solo deje que me siguiera diciendo cosas lindas durante un par de minutos mas. A pesar de mi negativa a conocerlo nos volvimos novios.
Encargue una webcam que me costó bastante trabajo instalar sin conocimientos previos pero mis fieles lectores me ayudaron a cada paso, me recomendaron el mejo modelo de cámara y me explicaron como lograr una imagen de calidad decente. Hice publica en internet mi relación con Francisco y él hizo lo mismo. Me conecte a la hora usual en la que por lo general el estaba en linea y le conté de mi reciente adquisición esperando que él hubiera cumplido y también hubiera conseguido una cámara para su computadora. Llevábamos casi dos meses de mensajitos de amor, de contarnos como había sido nuestro día, de hablar del futuro (algo en lo que él insistía todo el tiempo) de nuestra casa en las afueras de la ciudad, de nuestros dos hijos y un perro labrador. Le dije que le tenía una sorpresa cuando por fin se conecto. Él dejo de estar como no-disponible y me contesto “yo también tengo algo para ti”. Yo le mande una invitación para recibir imágenes de mi cámara y él acepto gustosamente. Hice un pequeño baile para él y él me respondió tecleando que me veía hermosa (los pixeles gigantes le hacen bien a cualquiera). Le pedí que conectara su cámara, así podríamos hablar mejor. “¿Qué cámara? Yo no tengo ninguna cámara y lo sabes”. Pronto me di cuenta de mi error al creer que podríamos tener una bonita sesión de cyber-sexo. Su sorpresa era que pasado mañana se iba a Cuernavaca, por cuestiones de trabajo y quería, necesitaba verme antes. Quería conocerme en la vida real antes de regresar a los mensajitos a mitad de la noche, a los te quiero de despedida y a los emoticons de corazones de colores. Le di mi número de teléfono una vez, hablamos como por quince minutos pero a él le dio sueño y nunca mas me volvió a hablar, aunque siempre decía que le encantaba oír mi voz y cada que sonaba el teléfono corría a ver si era él del otro lado del cable. Me insistió durante horas y me prometió que iríamos a un lugar pequeño y sin mucha gente y si alguien aparte del mesero se nos acercaba nos marcharíamos en ese instante así que acepte su invitación a cenar.
Después de bañarme, de desinfectar cualquier área de mi cuerpo con posibilidades de ser tocada por la santa mano de mi cybernovio, de asaltar mi guardaropas para encontrar el vestido adecuado para la ocasión, de obligarme a salir a la calle y tomar un taxi hasta la dirección que previamente se me había proporcionado me encontré sentada en una mesa para dos, fingiendo leer el menú, como si tardara 30 minutos en elegir una ensalada. Revisaba mi celular compulsivamente esperando un mensaje de su parte, algo que me explicara porque no estaba del otro lado de la mesa conmigo, charlando y riéndonos, tocándome los muslos discretamente ante las atentas miradas de los demás comensales. Le llame varias veces sin que me contestara. Ojala me hubiera dicho “estoy atorado en el trafico, llegare tarde” o “mi mamá se murió”, una excusa decente. Me retire después de terminar mi ensalada, en la pantalla de plasma en lo alto del local daban un partido de fútbol y la gente se emborrachaba para hacer mas ameno un empate previsto desde el primer tiempo. Caminaba lentamente para no hacerme a la idea de que él no llegaría jamas, para darle oportunidad de entrar por la puerta principal lleno de sudor y de disculpas, quizá con un ramo de rosas. Pasé junto a la barra, donde un grupo de hombres y una chica de pelo rizado se reían, estoy segura de que se reían de mi. En ese momento pensé que quizá se trataba de una reunión de bloggers que alguien siempre organizaba para “ponerle cara a nuestras cuentas de blogger”. Beers & blogs 2009, eso decía el titulo de la invitación del ultimo e-mail que se dejo caer en mi cuenta de hotmail. Era altamente probable de que Francisco los hubiera reunido ahí y que ellos hubieran pasado la noche tomándome fotos desde sus celulares para comentarlas en sus pedazos de internet mas tarde. Sus seguidores harían un par de comentarios graciosos y no mucho mas, las masas de internet nunca han tenido mucho mas que decir a parte de un “jajajajajaj tienes toda la razón”, “estoy totalmente de acuerdo” o “LOLLLLLL” si no tenían demasiado tiempo para escribir. Tomé otro taxi a casa y prendí el computador, bloqueé a Francisco de mi messenger, destruí mi blog sin ninguna advertencia previa y luego me fui a dormir/llorar.
Todos los días me despertaba con ganas de admitir a Francisco de nuevo solo para darle una oportunidad de explicármelo todo, de convencerme de que todo era un malentendido. Pero en vez de eso desperdiciaba mis horas entre el trabajo y los videos de adolescentes en youtube. “RockerIvan_304” había grabado un video para desmentir otro video en el que se mostraba que los illuminati eran los responsables del feminicidio en Cd. Juarez. “XXVampireKizzXX” me bailaba desde su habitación a ritmo de reggeaton, su cuarto siempre estaba ordenado de la misma manera, los osos de peluche y las almohadas siempre estaban en su sitio, no se oía jamas ningún ruido proveniente del resto de su casa. No se oía a su madre hablarle para comer, su novio jamas le llamaba a mitad de una de sus sesiones de exhibicionismo interrumpiendo las fantasías de otros adolescentes subscritos a su canal. Las habitaciones de las personas dentro de esos cuadritos de video siempre parecían impolutas, como si acabaran de construirlas. Nancy de Sinaloa y Caroline de Inglaterra tenían habitaciones gemelas, solo había un par de detalles diferentes para disimular. No podía creer lo que veía, me rehusaba a caer de nuevo así que deje a un lado mi trabajo, mis pequeñas sesiones de cocina, mis elaborados trabajos manuales para mantenerme entretenida, puse pausa a la película que acababa de descargar y me sumergí de lleno en la vida de esos desconocidos. De los youtubes pase a mirar los myspaces de los protagonistas de los videos, de las personas que grababan a sus amigos en plena borrachera obligandolos a tirarse al suelo y sacarse los ojos. Las respuestas de esas personas en cuanto a gustos musicales y de cine eran unas pocas, parecía que pegaban las palabras de otras personas a falta de ideas propias. Si alguna se quería dar a conocer como diferente, freak, nerd metía un par de nombres diferentes a la mezcla. Las interminables fotos de fiestas eran tomadas desde el mismo angulo (el que muestre mas escote) y los invitados tenían todos el mismo look, la misma clase de ropa, quizá era solo la ultima tendencia pero no creí que fuera casualidad, era mas probable que se usara el mismo guardarropas para todas las sesiones de fotos por falta de presupuesto. Encontré el sitio de una amiga del trabajo, salía despeinada junto a su novio, estaban envueltos en sabanas blancas de un hotel cualquiera. Un novio del que nunca había oído hablar, seguramente un actor contratado para perpetuar el engaño a los que visitaran su hi5. No tarde mucho en encontrar un video porno de ambos, la cámara hacía un ruido que no dejaba escuchar nada de lo que decían, ambos se encontraban en el mismo hotel de las fotos, él estaba sobre de ella durante la primera mitad del video y luego de un solo movimiento la ponía encima de él, la escena se cortaba abruptamente para terminar con la cara de Sonia, mi compañera de trabajo o una muchacha con el mismo set de caracteristicas, llena de semen. Encontré el mismo video otras tres veces en otros sitios y la persona que los había subido afirmaba que eran de él y su novia y los nombres eran diferentes, los idiomas también. “MeinFraulen Fucken” decía uno, “My slutty ex-girlfriend & me” decía Walt7inch de California. “Mon petit copine” proclamaba alguien mas. Dado que lo que decía la pareja era censurado por el ruido de la cámara y que sus caras aparecían fuera de foco todo el tiempo no podía identificar quienes eran los verdaderos autores de ese video. Intente reconocer objetos característicos de algún país en el hotel, intente ver la etnia de los participantes, pero solo eran pálidos y delgados, sin rasgos característicos que dejaran identificarlos, bien podrían ser franceses o españoles o jóvenes rusos a los que les pagaron por esa escena. Según lo veía solo había dos posibles respuestas a este repentino descubrimiento. La primera era que la gente era demasiado homogénea, demasiado parecida en casi todo, la individualidad solo podía ser medida a pequeña escala. La segunda era que la gente de internet en realidad no existía. Toda esa gente que opinaba apasionadamente de los logros artísticos de David Lynch quizá no existía, quizá eran solo un par de hombres gordos (esa es la imagen que me viene a la mente cada vez que pienso en el internet) con múltiples personalidades, creando millones de vidas virtuales para algún obscuro propósito o para anunciar justo antes del fin del mundo que todo era una broma, que esa chica que sube fotos donde muestra poco menos que todo a la cual adoras, ese talentoso musico creador de su propio genero es solo un algoritmo, que ese blog que lees todos los días lleno de pena ajena ante las narraciones insubstanciales de una chica que solo va de compras y sube fotos de su gato también tiene una versión en japones con otra actriz completamente diferente.
Me dí cuenta que llevaba ya dos días en frente del monitor, mordisqueando pedazos de cartón para alimentarme, sin recuerdo alguno de levantarme ni para orinar. Me fui a la cama pero no me abandonaba la idea de que hubiera un sitio donde hubiera otra versión de mi, donde hubiera fotos en la playa de Francisco enterrándome en la arena, donde mis mas profundos pensamientos estuvieran ahí a la vista de todos, donde yo soy una mujer que trabaja en una empresa de diseño, una vida creada a partir de fotografías robadas de mi blog y de la ultima versión de photoshop. Quizá mis antiguas amistades que perdieron todo contacto conmigo tras mi reclusión piensan que tengo un nuevo novio y un nuevo trabajo y que me va bastante bien. ¿Qué haría si algún día me atrevía a volver a salir y me encontraba a Natalia o a Javier y me preguntaban por Francisco o por mi vida? ¿Habrían leído ya mi otra vida, creerían saberlo todo ya de mi? ¿Si respondiera otra cosa pensarían inmediatamente que soy una impostora, una actriz intentando robar mi propia vida?
Tan felices en Japón
Mi primer recuerdo de Mitzy es también uno de los primeros recuerdos que tengo del colegio. Era el primer día, no, mentira, era el segundo pues las caras de todos nosotros ya no parecían tan nerviosos e inseguros. Algunos ya habían dejado de revolverse en sus -incómodos- asientos y habían empezado a reírse de la maestra que aún no perdía la paciencia (dos años después, mientras me corregía un examen pude ver las cicatrices en su muñeca apenas disimuladas por una gran pulsera de tela). Era el segundo día y yo ya había perdido todas mis plumas y toda la mañana había estado escribiendo con un pedazo de grafito que encontré en el suelo pero a eso de las 11 de la mañana las manos me dolían, no podía soportar tenerlo entre mis dedos llenos de ampollas. Fue cuando empezó a sangrarme la mano que me vi en la penosa necesidad de tocar el hombro de la persona delante mio pero no recordaba su nombre así que estuve 10 minutos fingiendo escribir, moviendo la mano de un lado a otro de mi cuaderno al ritmo de lo que decía la maestra pues estaba seguro de que ella tenía puestos los ojos en mí. Luego de esos largos minutos de intentar recordar su nombre, de repasar la lista de asistencias que habían pasado hace rato, le toque el hombro levemente, casi esperando que no se volteara; Antes de que pudiera decirle algo ella volteó como impulsada por un sistema de resortes, como los juguetes de cuerda, y me extendió la mano. “Hola, soy Mitzy Gonzales Pereira. ¿Tu como te llamas? Ah, si, hola”. Parecía muy emocionada ante la posibilidad de hablar con alguien, de que en algún momento me volviera su amigo. Le dije mi nombre y le pedí una pluma. Saco su estuche (tenía a doraemon estampado de mala manera, evidentemente comprado un domingo en el tianguis) y me lo acerco a la cara como una ofrenda. Tome lo primero que vi, ella dijo “no, ese no” y termine tomando un lapicero rosa con hello kitty en la punta. Mis dedos se lo agradecieron pero ya no seguí escribiendo, en vez de eso me tuve que tragar una aburrida historia de la procedencia de ese lapicero, iba así: Ella había ido a comprar sus útiles escolares a la papelería desde hace varias semanas pues estaba muy emocionada por entrar a la escuela, el domingo antes de entrar ella ya tenía todo perfectamente dispuesto en un lugar especial de su mochila. El estuche lo compro en esa misma papelería y lo lleno de lapices de colores y lapiceros pues le gustaba el sonido que hacían al mover el estuche, parecido a unas maracas. El lapicero lo había visto hasta después que ya había comprado todo, después de guardar todo en dos grandes bolsas de plástico, lo vio en la vitrina, una caja entera de ellos llena de letras japonesas; pregunto cuanto costaba, toqueteando sus monedas, esperando tener dinero suficiente para permitirse el comprarlo. No pudo hacerlo así que regreso al día siguiente pero la caja ya no estaba ahí. Regreso todos los días, hasta los jueves que eran los días en que la papelería no abría. El lunes iba de camino a la escuela muy emocionada con sus ocho kilos de cosas dentro de una mochila a la cual se le rompían las costuras a una velocidad sorprendente cuando se encontró pasando una ultima vez por la papelería, pregunto por los lapiceros -cosa que nunca había hecho en sus anteriores visitas, solo se había limitado a buscarlo con la mirada- y la muchacha que atendía se fue a la parte de atrás y se los trajo, solo los vendía por caja. Mitzy no comió nada ese día y regreso a su casa caminando.
A la salida pude oír como me gritaban marica desde la parte de arriba de la escuela, desde donde tres alumnos de tercero me señalaban con el dedo y se reían. Uno de ellos me aventó una lata de coca-cola a la cara. Baje la cabeza y me fui sin mas a casa, en la puerta de la salida pude oír como alguien corría detrás de mí, era Mitzy, que me siguió pese a mi evidente incomodidad. Pensó que estaba muy interesado en todo lo relacionado al contenido de su mochila. Con una sonrisa anunció “Calculo que si cuido bien estos lapiceros me van a alcanzar hasta finales de tercero, pero puedes quedarte este porque somos amigos”. Cuando me pregunto hacía a donde iba yo mentí y dije que mi madre me estaba esperando, le entregue su lapicero con discreción y huí fingiendo que una señora que pasaba por la calle era mi madre, la tome del brazo y le susurre que unos tipos me querían pegar y que por favor me dejara ir a su lado hasta la siguiente cuadra. No volví a perder una pluma jamas.
Los siguientes días pasaron entre intentar poner completa y total atención al exterior del salón, al conserje que daba vueltas por ahí con su tambo de basura, a los maestros que iban de un lado a otro, a las chicas que iban al baño y por otra parte a medio escuchar lo que me contaba Mitzy, nuestra conversación era unilateral, ella me preguntaba “¿Te gusta dragon ball?”, “¿Tienes hermanos?”, “¿Qué te gusta hacer?”, todo era una continua sesión de interrogación para saberlo todo de mi, o quizá solo era su manera de hacerme conversación. Ella me contaba cosas de su familia, de lo que había visto en el camino a la escuela, me preguntaba como se ponían los acentos en tal palabra, me intentaba persuadir a jugar gato con ella. Yo contestaba con monosílabos. Estaba atrapado en la esquina derecha del salón con ella y no podía ni cambiarme de lugar pues todos estaban ocupados, ademas, me preocupaba que lo tomara como un insulto así que escuchaba todo muy a mi pesar, aún cuando yo prefería estar viendo por la ventana y tomar ocasionales notas de lo que decían los maestros. En una ocasión la acompañe hasta su parada. Llego el autobús y ella se despidió de mí con un gran abrazo y me pregunto mi numero de teléfono, pero yo no me lo sabía, eso le dije. Luego Ernesto se peleó con Luis Fernando a mitad de clase, el primero le estrelló su estuche de plástico en la cabeza sin ninguna razón al parecer, el segundo respondió lanzándose a su compañero y golpeándole la cabeza contra el escritorio. El director llegó corriendo y los separo como pudo. Ernesto tenía la nariz rota, la cara llena de sangre. Luis Fernando estaba despeinado y tenía rotos varios botones de la camisa. Los maestros decidieron unánimemente cambiarlos de lugar, yo esperaba que me cambiaran a mi, pero en su lugar mandaron a Claudia, que era blanca y tenía braquets, que caminaba a grandes zancadas y que rápidamente se hizo amiga de Mitzy. Deje de ser el objeto de atención de esta y comenzaron a hablar entre ellas, ocasionalmente me preguntaban algo, me pedían mi opinión acerca de quien era mejor, si Ranma o Ryoga. Jugaban gato durante clases y se iban juntas a casa pues eran prácticamente vecinas. En los exámenes se pasaban las respuestas, siempre sacaban diez, y ocasionalmente también yo era felicitado por mis padres.
Al parecer durante las vacaciones de invierno de primer año ellas fueron acompañadas del hermano de Claudia hasta el barrio chino en búsqueda de cajas de almuerzo japonesas. Regresamos a clases y cuando pasaba junto a ellas las podía ver comiendo arroz frito y pedacitos de carne con un par de palillos. Siempre los mismos palillos, los guardaban como tesoros pues habían venido de regalo en la compra de sus cajas de almuerzo. Fue en esos días que en el autobús conocí a Emilio, ambos nos reímos de Mitzy y Claudia y de lo poco que se les entendía en ese tiempo. Nunca paraban de hablar de caricaturas y por asociación se me habían pegado todos los nombres de todos los protagonistas de todas las series. Emilio me pregunto si eran mis amigas, yo le dije que no, que solo me sentaba junto a ellas. A Emilio le gustaba café tacuba y a mi me gustaba esa que decía ingrata, no me digas que me quieres que me amas, yo no te creo nada. Mi amistad con Emilio floreció al tiempo que Mitzy y Claudia rogaban a sus padres que pidieran sushi para la cena. Un día que estaban las dos en casa de Mitzy lo consiguieron, el padre de Mitzy saco la cartera y fue por el teléfono, llamo a sushi itto y ordeno sushi, el empleado le pregunto que clase de sushi, el padre solo repetía sushi a cada pregunta que hacía el adolescente detrás del teléfono, termino dejando que su hija lo pidiera, después de que le repitieran el menú completo Mitzy y Claudia tomaron una decisión, la cual pagó el padre 45 minutos después. Al principio se sorprendieron de que estuviera crudo pero después se obligaron a comerlo todo. El lunes ambas llegaron corriendo a mi, al parecer aparte de ellas no tenían nadie con quien hablar, y acordaron que el sushi era “Delicioso, la mejor comida del mundo”.
El 14 de febrero pensaba no ir a clase, no tenía nada que ver ahí. Emilio si, él se había conseguido una novia del C y me había pedido ayuda, quería saber que podía regalarle, era la primera vez que hacía algo así. Le sugerí un disco, un peluche, unas rosas, chocolates, una carta de amor, un poema, dedicarle una canción en la kermes. Ese día el llego con todas y cada una de las cosas que yo le había dicho. Se las fue dando por partes a Yolanda, que se moría de la tristeza pues ella no le había comprado nada. Desapareció durante unos minutos junto a otras chicas y regreso con una cartulina decorada con diamantina y plumones, un gran corazón morado (era el color favorito de la chica) con las letras E y Y dentro. Se podía abrir el corazón y este decía “te amo”. Emilio solo atino a decir gracias. Durante la entrega de regalos me quede al lado de mi amigo como apoyo moral y después me desaparecí elegantemente para dejarlos solos dando vueltas por el patio. Luego sonó “te quiero” de los hombres G y Yolanda se lanzo a los brazos de Emilio, esta fue la canción que él le había dedicado. El pseudo-dj que amenizaba la kermes pidió un aplauso para la pareja, que muy conscientes de todo se habían quedado en el centro del patio. Cuando termino todo entre al salón por mis cosas, dispuesto a irme y tragarme el maratón de películas románticas que el cinco había preparado para la ocasión. Encima de mi pupitre se encontraba una carta hecha en una hoja de cuaderno, no traía nombre pero en ella una chica me confesaba su amor y me explicaba que me esperaba en el parque de al lado a las 3. Decía que ojala pudiéramos consumar ese romance que ella sentía había crecido a lo largo del año. Le pregunté a Emilio que debería hacer, el me dijo que fuera, que no me caería mal una novia, que él se sentía muy feliz con Yolanda (lease: lo había masturbado durante rápido y furioso 3). A las 3 fui y me senté en una de las bancas a esperar a mi anónimo amor, en otra banca Mitzy estaba sentada leyendo una revista y me temí lo peor, que ella fuera mi enamorada, pero me dijo que solo estaba esperando a Claudia para ir al cine. “¿Estas esperando a alguien?” Me pregunto y yo le dije que no, que solo estaba haciendo tiempo para irme a casa pues no traía llaves y mi madre no iba a llegar sino hasta las cuatro. Compré un helado y cuando pasaron 20 minutos me dispuse a irme. Mitzy se quedo sentada y mientras yo subía al camión ella me grito “Feliz San Valentín” y desde la ventana pude ver como se sonrojaba.
El segundo año me senté justo en el mismo lugar y Mitzy y Claudia hicieron lo mismo, Emilio había terminado con Yolanda en las vacaciones, habían discutido acerca de la inmensidad del amor que sentían y habían decidido darse un tiempo pues las cosas estaban yendo demasiado rápido. Emilio parecía algo deprimido, se reprochaba todos los días el hecho de haberse puesto tan nervioso cuando conoció al padre de Yolanda, estaba seguro que ese hecho, aunado a su torpeza en ocultar las miradas furtivas que echaba a las piernas de Karina, era lo que había destruido su relación. Yo intentaba alegrarlo contándole chistes y hasta lo ayude a crearse una cuenta de correo para poder acosar a su ex en hi5. Mitzy y Claudia pasaban la totalidad del día dibujando hombres de cabellos imposibles, con auroras de energía a su alrededor, chicas de grandes ojos con vestidos de colegialas con báculos mágicos, mascotas de tamaño familiar, robots gigantes de colores brillantes que parecían juguetes baratos de tianguis. Claudia era la que dibujaba la mayoría del tiempo, Mitzy le decía como debía ser el cabello, de que color debían ser sus ropas. Ella les inventaba historias y cuando no estaban creando personajes de anime hablaban del universo en donde habitaban ellas y sus creaciones.
En casa habían comprado una computadora y mi padre luchaba por instalar el módem, me gritaba y me pedía que leyera en voz alta las instrucciones del manual. A la tercera lectura mi padre se dio cuenta de que tenía que meter el disco de instalación, seguir el procedimiento y luego esperar dos días a que activaran nuestra cuenta. Mi padre se fue orgulloso de su adquisición y en la cena nos dijo a mi hermana y a mi que íbamos a usar la computadora para todo. Para hacer los trabajos de la escuela, para investigar, ¡hasta podríamos hablar con nuestros amigos por internet!. Mi padre solo repetía todo lo que le había dicho el agente de ventas unas horas antes. El primer día después de crear una cuenta familiar a petición de mi madre me senté frente a la pantalla y tecleé en el buscador de altavista “the doors”. Me puse a mirar fotos de Jim Morrison, luego busque “spiderman” y leí su biografía en una pagina llena de imágenes de Peter Parker muy borrosas. Di click en algunos de los anuncios que aparecían espontáneamente en las paginas que visitaba casi al azar, me encontré jugando pac-man durante horas, olvidándome de hacer la tarea. Luego tuvimos que instalar un antivirus pues la computadora había empezado a congelarse sin ningún aviso. Un día Emilio me dijo que si no tenía msn, esa tarde llegué a casa y me hice el primer correo de mi vida. miguel_s073d4d arroba hotmail.com. Tenía un contacto -Emilio- el cual me mandaba correos cadena llenos de chistes y tipografías chillonas. Empezó a agregarme medio salón y cuando me dí cuenta clampgirlmitzy arroba yahoo.com.mx me había agregado y me mandaba links a paginas de anime, a su pagina de geocities -”Mitzy Anime Castle”- donde tenía un listado de sus 25 series favoritas, otro listado acerca de los 25 protagonistas mas guapos de anime y un pequeño diario en el que hablaba de la escuela y de sus muchos amigos. Yo no conocía a ninguno y dudaba que alguno no fuera ficción.
En halloween Mitzy y Claudia se presentaron al concurso de disfraces, la primera venía vestida de princesa de gundam. La segunda traía una peluca pelirroja y un vestido purpura, pensamos que venía vestida de bruja por mas que nos repetía que venía vestida de Mikami la caza fantasmas. Yo estaba disfrazado de Zombie -había mutilado un viejo uniforme que me quedaba cada vez mas pequeño, que me estrangulaba los testículos, para la ocasión, ademas de hacer uso del maquillaje de mi madre, mismo que me Emilio me aplico en los baños de la escuela. La mayoría de las chicas de mi salón venían vestidas de lolitas o de vampiresas chupa-pollas. Marta venía vestida de fantasma para ocultar su gran mole, aun cuando la sabana blanca apenas le cubría la mitad de la barriga. Mitzy y Claudia se pararon entre las chicas en minifaldas, entre los hombres vestidos de Ronaldinho, entre César que venía de spiderman (el traje se lo había traído su padrino de los United States), entre Marta la fantasma mas tangible del mundo y Fermín, que se había vestido de Frida Kahlo pintándose una primitiva uniceja con un plumón. Se pararon con orgullo y desfilaron con una sonrisa para mostrar sus trajes. Pasaron al micrófono y describieron vividamente los personajes de los que venían caracterizadas. Media escuela las señalo con el dedo al momento de la premiación, que inevitablemente perdieron ante Amanda pues ella traía un escote que dejaba ver los grandes pechos por los que era famosa en las pintadas de los baños. Para no sentirme menos me uní a las risas de Emilio el hombre sin cabeza y Yolanda-Gatubela, me reí como loco, no pare hasta que sentí que en cualquier momento iban a señalarme a mí. Claudia corrió al baño con lagrimas en los ojos, Mitzy se quedo sonriendo sin entender de que nos reíamos. El director tuvo que llamar a los padres de Claudia para que esta saliera del baño, ya no vestida de Mikami, sino de Claudia la estudiante de secundaría.
En tercero ellas ya no hablaban con casi nadie, se dedicaban a intentar una carrera en el excitante mundo del manga. Hacían su propia revista en fotocopias y la vendían en convenciones, a las cuales asistían con disfraces mucho mas elaborados (solo había dos o tres convenciones al año, por tal razón cualquier día podías mirar sus dedos y verlos llenos de piquetes por pasar las noches cosiendo sus atuendos) y llegaban a la escuela el lunes siguiente cargadas de juguetes, de robots que armaban en clase de biología, de grandes comics que se leían de atrás para adelante. Claudia tenía un fotolog, días después de que lo abriera me llego una invitación para entrar a su fotolog, me vi tentado a compartir el link con todos pero no lo hice pues aun tenía el recuerdo de cuando ella me presto 5 pesos para mi pasaje. Ahí no se presentaba como Claudia, sino como KlaÜX_[X]), una chica que se tomaba fotos en calzones de hello kitty, una chica que escribía/copypasteaba poemas de amor mal escritos, una chica que intercalaba sus fotos en su cuarto cubierta solo por un peluche de Sailor Moon con imágenes de hadas y de dibujos de tipos con grandes ojos brillosos que eran demasiado asexuales, una chica a la cual le dejaban una media de 30 comentarios por día, la mayor parte eran de hombres mayores que se masturbaban mirando sus fotos. En internet conoció a Juan Carlos de 1A, quien poco tiempo después sería su cyber-novio, quien unos minutos después la miraba sacándose los pechos en la webcam. Cuando lo invito a su casa ella lo encerró en su habitación, le mostró su colección de dvds traídos directamente de Japón y luego se acostó con él con la espalda pegada a la puerta para que no entraran sus padres, ambos mordiendo un peluche de algún animal inexistente para acallar los gemidos de ambos (esto nos lo contó él mismo una vez que lo emborrachamos con tequila cabrito en la fiesta de Mariana, contándolo todo con lujo de detalles, actuando cada parte de su relato). Semanas después a Claudia se le podía ver llorando todos los días, había terminado con él (“yo tanto que lo amaba”) pues sentía que ella era demasiado infantil para seguir con su relación, todo el peso intelectual caía sobre los hombros llenos de granos de Juan Carlos (le había salido bigote en semana santa). Mire atentamente como crecía el vientre de Claudia dentro de su sweater verde de manera directamente proporcional a la cantidad de lagrimas que dejaba en su cuaderno de dibujos. Luego pude ver como dejo de llorar y como su cuerpo volvía a su escuálida forma anterior, si se lo dijo a sus padres, si se lo dijo a Juan Carlos, si este se lo dijo al director, todo eso no lo se. Lo que se es que después, a mitad de mayo entre al salón sudando después de educación física para encontrarme con una invitación para los XV años de Mitzy. Había una igual en cada pupitre y ambas se encargaron de llevar una a cada maestro de la escuela, habían reservado un lugar especial en la mesa del centro para el maestro de diseño gráfico, que siempre las usaba de ejemplo cuando quería hablar de creatividad, cosa que las llenaba de orgullo, pero en realidad no sabían porque. De todos los invitados solo fuimos algunos maestros y yo y esto porque la misma Mitzy llamo a mi casa un día antes para confirmar mi asistencia, mi mamá hablo con ella antes de pasarme el teléfono y me obligo a ir, hizo un par de llamadas tras las cuales me vi enfundado en un traje propiedad de mi primo, viajando en el asiento trasero del auto de mi padre con una caja de chocolates como presente. Mitzy me recibió con un abrazo y un beso en la mejilla, traía un vestido blanco lleno de perlas y cosas brillantes, le dije que se veía bien. Mi padre me abandono dejándome en medio de familiares y amigos de la primaria de Mitzy. Me sentaron en la mesa del rincón, donde estaba una tía borracha que manchaba sus cigarros de carmín, que contaba chistes de curas homosexuales (un par de ellos los memorice para contárselos a Yolanda; Todo con tal de hacerla reír, Emilio casi me parte la cara cuando le dije que me gustaba su ex-novia pero luego recordó que Yolanda lo había engañado -es un decir pues llevaban meses separados cuando encontró a Yolanda y a Fermín detrás del Mcdonalds- y solo me dijo “haz lo que quieras, pero nada mas que no se me acerque”) y que ahorcaba todos sus dedos con imitaciones de oro. Se reía a solas mientras los demás personajes de la mesa intentaban ignorarla o hacían comentarios acerca de lo vergonzoso que iba a ser tener que llevar cargando a la tía Carmen al hotel, tener que mantenerse medio despiertos toda la noche en caso de que se le oiga avanzar al baño con intenciones de vomitar.
Mitzy bailó un vals, bailo con su papá, bailo con un montón de sus parientes, sus chambelanes eran sus primos y su hermano, durante todo el baile me dedique a doblar mi servilleta de todas las formas que se me ocurrieran. Luego llegaron los meseros con platillos flameados, era lo usual (lo consideraba lo usual aunque solo había ido a dos XV años en mi vida, uno de mi prima y el de mi vecina, en el cual tuve que hacer de chambelán) hasta que los meseros llevaron a la mesa litros y litros de alcohol directamente a las mesas justo cuando la gente raspaba los últimos restos de filete en salsa dulce y fetuccini de sus platos. Abrí una botella de tequila y la tía Carmen se arrimó a mi, con su copa de champaña en mano. En mi estupor alcohólico me pareció una buena idea llamar a Yolanda y decirle que en la fiesta de Mitzy había un chingo de tequila gratis, y quizá, restos de comida. Ella rebusco en su mochila la invitación yla desdoblo, la intento hacer pasar por algo que le importaba. Llego Yolanda y con ella llego Juan Carlos, que trajo a Luis Fernando y a Emilio, los cuales hablaron desde un teléfono publico a Felipe y Ricardo, que traían colgando del brazo a Tania y Valeria. Llegaron en el auto del hermano de Yolanda, se quedaron en el estacionamiento mientras bebían las extrañas mezclas enlatadas de los supermercados, la salvación de la juventud proletaria. De ahí me llamaron, para que entrara con ellos. Emilio estaba sentado en la banqueta, mirando de reojo al interior del auto. Me ofreció un cigarro que gustosamente acepte y posteriormente tosí.
Estábamos sentados en la mesa junto a la tía Carmen, que estaba muy alegre por ver que habían llegado mas amiguitos de su Mitzy, nos preparo bebidas a todos y ordeno otra botella haciendo caso omiso de las caras de los meseros que no querían tener que limpiar de los baños la cena mal digerida de unos adolescentes. Emilio saco a bailar a Claudia, ella se veía muy feliz siendo zarandeada al ritmo de las imprescindibles cumbias. Los demás se dispersaron por la fiesta, picando restos de comida, saludando a Mitzy, deseándole un feliz cumpleaños y fingiendo vergüenza tras la confesión de que no habían traído ningún regalo, acordaron mentirle grupalmente diciendo “pero el lunes te daremos una sorpresa”, Tania se ofreció a hacerle un pastel envinado, Luis Fernando le dijo que le llevaría unos mangas que dejo su hermano cuando se fue a vivir con su novia. Por diversión emborracharon a Mitzy, que se caía a cada rato puesto que era la primera vez que usaba tacones (y según Emilio, también era la primera vez que usaba brassiere). Yolanda y yo robamos un par de botellas de vodka que ella sabiamente metió en su bolsa (traída especialmente para la ocasión) y nos dedicamos a mezclarlas con una coca-cola que encontramos en el jardín.
Escudándome en mi estado alcohólico abracé a Yolanda, recosté mi cabeza en sus pechos, estaba a punto de confesarle mi amor cuando mi vejiga me traiciono. Le dije que me esperara unos segundos y corrí al baño. Me dio un poco de pena manchar de orina los bordes de los mingitorios relucientes. Me encontré a Mitzy en el pasillo, se había quitado los zapatos y la escultura de cabello que traía hasta hace unos minutos se había deformado hasta parecer que acabara de despertar, su maquillaje estaba corrido, su boca apestaba a vomito. Se dejo caer sobre mi teatralmente, me confeso que su fiesta se había vuelto una locura (Ricardo le había agarrado el culo a la madre de Mitzy. Esta no opuso demasiada resistencia. La tía Carmen bailaba con unos y otros siempre con una copa en la mano. Los meseros se habían retirado a un rincón secreto. Claudia estaba fajando con Emilio en el cuarto de servicio y este no tenía ninguna dificultad para meter la mano en el escote sobre dimensionado de Claudia. Dos de sus tíos habían empezado a jugar poker con Juan Carlos y Luis, cuando perdieron la considerable cantidad de 400 pesos intentaron recuperarlos a la fuerza, el resultado fue que el tío Pablo estaba juntando a su familia para retirarse e insultar a Luis en sus sueños) y que ella se estaba divirtiendo, a pesar de las miradas de enojo de su padre, que lo veía todo desde su asiento en el centro del salón. Levantó la cabeza un poco y dirigió sus labios a los míos. Vomito antes de llegar a besarme, antes de que alejara la cara de ella, y luego se puso a llorar diciendo que nada le salía bien, reprochándose el haberse enamorado de alguien que no le correspondía esos sentimientos. Me sentí algo mal así que invente cualquier excusa para largarme de ahí.
Baje por las escaleras en busca de Yolanda, Tenía el celular fundido al oído y le decía a mi madre que los quince años iban a terminar como a las 12, que si, que veía a mi papá en la entrada. Deje de fingir que mi celular no estaba apagado cuando Mitzy estuvo lo suficientemente lejos. Corrí hacia el jardín pero la garra derecha de la tía Carmen me detuvo, me obligo a bailar con ella. Me sacudió de un lado a otro hasta que, aprovechando el impulso, me vi sentado otra vez en la mesa. Le pregunte a Luis Fernando por Yolanda, me respondió algo que interprete como un “creo que ya se fue”, pero también pudo haber sido el ultimo estertor de sus riñones derrotados por el alcohol gratis. Saque mi celular para llamar a mi padre y decirle que me sacara de ahí. Mi única oportunidad con Yolanda se había ido a la mierda y ya no había otra razón para quedarse en la fiesta (los meseros habían retirado las botellas de nuestras pezuñas indignas) pero llego Yolanda con los ojos rojos y el cabello lleno de pasto. Se sentó a mi lado y le ofrecí un vaso de refresco que ella dejo caer sobre su blusa. Apague mi celular. Ella me pregunto si podría acompañarla a su casa y yo respondí un si automático, un reflejo lleno de felicidad.
La música cambió a un arreglo orquestal sacado de un recopilatorio de “lo mejor para tus XV’s!” y las luces se volvieron tenues, enfocando a Mitzy, que bajaba torpemente de las escaleras, se arreglaba el cabello y sonreía, era el momento de empezar el ritual de abrir los regalos. De cajas envueltas en papel brillante salían osos de peluche, cajas de chocolate, botellas de perfume, aretes, collares, todo eso que regala la gente cuando no sabe muy bien que regalar. Después de abrir mi regalo y dejarlo con exagerado desdén en la mesa ella tomo una caja de un tamaño que superaba el tamaño de la festejada. Era un modelo a escala de Voltron. Corrió a abrazar a Claudia y susurrarle cosas y señalarle las marcas que esta ultima tenía en el cuello. Sentó a su pequeño robot gigante con cariño junto a ella y le dio un beso en su frente de metal/plástico. Desistí de hablar con Yolanda cuando me di cuenta que lo único que le interesaba era derretir vasos de unicel con su encendedor, aun así supuse que nuestro arreglo seguía en pie así que mande un mensaje a mi padre diciendo que me quedaría en casa de Emilio. Claudia tomo otro paquete, pude ver como el dj se acercaba corriendo (para la ocasión traía un traje y converse negros) y le daba el micrófono a la persona que señalaba el padre de Mitzy, que estaba sentado junto a ella, llorando de emoción. El tío Edmundo Esperaba feliz la ocasión de felicitar a su sobrina y hacer un brindis (momento en el que choque mi vaso contra el de la tía Carmen, temiendo que quedara manchado de lápiz labial como todo lo que tocaba esa mujer completamente borracha que había regalado la totalidad de los cigarros que mis amigos se habían fumado en el interior del lugar) así que cuando el Dj logro atravesar el mar de gente Edmundo se levanto y tomó el micrófono, soplo en el y empezó a hablar de su nieta favorita (hasta que la siguiente cumpliera años). Recordó viejos tiempos, la alegría de saber que su hermano tendría una niña, como le enseñó a andar en bicicleta y sobretodo “su pasión por las caricaturas japonesas esas, por eso te compramos esto el otro día que andábamos perdidos en tepito”, tras la mención de ese lugar los asistentes pusieron su mejor cara de vergüenza ante el tío Edmundo, que no sabía que la sola mención de Tepito era causa de expulsión inmediata entre la sociedad mexicana pues el tío Edmundo vivía en otro mundo (Monterrey), “me dijeron que es la ultima moda en japón”. Las pequeñas manitas de Mitzy desgarraron la envoltura y procedieron a sacar el paquete de cartón mal pintado. Mitzy miró a su amiga en total desconcierto, jamas habían oído hablar del “comando reptil espacial” ni nada parecido, ni una sola noticia en los foros que frecuentaban. Dentro de la caja había un casco verde con dientes en donde deberían ir los ojos y un pedazo de tela tapando una boca protuberante de plástico. Alguien comenzó a canturrear “que se lo ponga, que se lo ponga”, pudo haber sido Carlos, pudo haber sido el tío Edmundo, pudo haber sido la tía Carmen en medio de un delirio inducido por el tequila, pude haber sido yo. La totalidad de los invitados se acercaron para ver como Mitzy se ponía el ultimo regalo de la noche. Rodeándola la presionábamos a ponérselo, a no hacerse ilusiones de poder guardar el feo regalo de plástico medio derretido a causa de estar 5 horas en la cajuela de un topaz. Estaba tan cerca de Mitzy y su regalo que podía ver el sudor en su frente, los restos de vomito en su boca, el maquillaje corrido y los niños asiáticos felices de mostrar lo divertido que es el comando reptil espacial. Me miro durante unos segundos y se puso el casco cuando Yolanda se abrió paso entre la multitud hasta llegar a mi lado, hasta recostar su cabeza en mi hombro, hasta abrazarse a mi para no caerse.
Del casco emergió una tonadita de trompetas y ruidos electrónicos, como los que hace una computadora al descomponerse. Mitzy se quiso quitar el casco pero no pudo, empezó a gritar y de los bordes del casco brotaba sangre. El padre de Mitzy fue a la cocina y regreso con el cuchillo mas grande que encontró. Lo metió en una ranura del casco pero solo recibió una descarga eléctrica. Claudia agarro a su amiga y la intento tranquilizar, lucharon por que saliera su cabeza del casco. Pero este se volvía cada vez mas duro. Emilio lo estaba grabando todo en su celular y Yolanda y la tía Carmen bebían de una botellita de licor extraída del hotel de la segunda. El tío Edmundo se disculpaba con la madre de Mitzy, que no entendía nada de lo que pasaba, pero culpaba de todo a Edmundo, amenazaba con demandarlo. “Mi niña tiene asma, asma, ¿entiendes? Se me va a morir”; Acto seguido se puso a llorar. Alguien intento llamar a una ambulancia pero el teléfono cayo al suelo al ver que Mitzy ahora se había puesto verde, se había llenado de escamas. Su voz se volvía ininteligible y solo Claudia seguía sin tomar distancia. El vestido de Mitzy se desgarro, mostrando un cuerpo lleno de bocas diminutas, unos picos de color morado salían de toda su espalda. Mitzy empezó a rugir, la cara se le deformo, su boca se estiro hasta tomar la forma de las mandíbulas de un cocodrilo. Claudia intento hacerse a un lado, alguien tomo el cuchillo del suelo e intento atacar a Mitzy, pero fue mas un acto simbólico detenido en el mismo instante en que ese alguien se orino de puro miedo al ver el abismo contenido en el interior de la boca de Mitzy. Los camareros veían todo desde la cocina, dispuestos a irse en cualquier momento. Todos los asistentes empezaron a correr hacía la salida, aplastando a los ancianos en el camino, tirando las sillas y las velas, destruyendo el lugar. Volteé un segundo y pude ver como Mitzy arrancaba la cabeza de Claudia de una sola mordida, . Sentí la mano de Yolanda que me jalaba hacía el exterior y nos largamos del lugar.
Los sonidos de las sirenas acallaron nuestras palabras, que en realidad no tenían ningún sentido, eran solo un intento de explicar lo que habíamos visto, un muy mal intento. Pensando que íbamos a morir, que Mitzy nos iba a perseguir a todos hasta darnos muerte le confesé mi amor a Yolanda, pero ella no escucho nada pues los ruidos de disparos la hicieron agacharse. Tomamos un taxi en revolución y nos metimos por la ventana de su cuarto, ahí ella intento calmarse del único modo posible, bebiendo aun mas alcohol, yo la acompañe. Desperté a la mañana siguiente con una ropa que no era la mía, en una cama con sabanas blancas, junto a Yolanda, sin recordar nada de lo que había pasado. No fue hasta que note que Mitzy y Claudia habían faltado a clases por casi una semana que recordé todo, pero para ese entonces todos ya intentaban olvidarlas y yo tenía el problema de recordar si había besado o no a Yolanda esa noche.
He caminado entre realidades
He caminado por entre realidades, mirado en cada escenario, cada variación de una misma situación. He visto a Stalin volverse emperador mundial, he visto a Ronald Mcdonalds hacer lo mismo. Me he sentado en asientos de formas absurdas a comer carne humana, he follado con mi propia persona. He visto a superman trabajar de actor porno, he visto gente que tiene los órganos por fuera, he visto como se inyectan las proteínas y sustancias necesarias directo a los riñones o al corazón. He visto insurrecciones armadas de electrodomésticos. He visto por unos instantes como sería mi vida de no haber quedado atrapado en lo que pienso es dios y sus múltiples opciones, he visto realidades reescritas por capricho de algo que no entiendo más que usando conceptos que no sirven realmente. He visto a mi nave dando una vuelta cinco grados más a la derecha, he visto como me estrellaba contra un sol que se traga todo lo que se le acerca para seguir dando calor a un planeta hedonista y corrupto. Viví varias vidas en varios lugares, he hecho amigos, he sido feliz en un par de ocasiones sólo para ser regresado a estos pasillos interminables llenos de realidades que no lo son realmente sino para los que habitan en ellas. He perdido noción de porque subí a esa nave. He visto a la tierra como un ser vivo lleno de pulgas y parásitos, he visto como le crecían piernas y brazos y sólo por capricho se iba a la órbita de plutón matando todo lo que tiene encima. He salvado civilizaciones enteras de un dictador para convertirme en uno mejor. He visto como escapar de aquí pero me es imposible, dudo de que esa realidad sea más coherente que en la que reptiles gigantes ejercen de policía mundial. He conocido los secretos del mundo, se ahora que el mundo no tiene secretos, las personas son las que los inventan. He visto el mundo perfecto y es horrible. He visto la verdadera naturaleza de donde estoy atrapado pero no la entiendo. He visto a fantasmas convencidos de que están vivos, he visto como intentan tocar a sus seres amados con sus frías manos intangibles solo para romper a llorar al pensar que estos están muertos, he visto a esos fantasmas que no pertenecen al lugar donde están atrapados; He sentido su infinito dolor. He visto a Kurt Cobain a los docientos años ingresando otra vez al hospital con los brazos mutilados, incapaz de morir, pues sus fans le mantienen vivo quiera o no. Me he reído al verme caminar por estos mismos pasillos, he visto como el yo de esa otra realidad me saluda incapaz de hacer nada, he visto lo que hubiera pasado si hubiera besado a Lisa en esa reunión, he visto como la abrazo y finjo mi amor para que ella no se suicide pues el recuerdo de ella tirándose de la ventana tras ser rechazada por mí me atormenta aún hoy. He visto el cuerpo de Lisa caer aquí, rompiéndose el cuello, he intentado salvarla innumerables veces. He conocido al amor de mi vida, mi alma gemela, la he mirado durante largas horas siempre con el conocimiento de que la amo por todos sus gestos y acciones, por todo, la amo por ser el amor de mi vida. La he visto sola, llorando de tristeza tras llegar del trabajo. La he visto morir, he visto la realidad en la que ella es la que esta aquí caminando por entre los largos pasillos iluminados por infinitas escenas y vidas. He visto como se asoma a mi realidad y siente la desesperación de no poder tenerme. He sentido rabia tras verla vivir feliz con otra persona y para mi mala fortuna he pasado por su realidad varías veces teniendo que matar a su pareja en cada ocasión. He llorado de vergüenza una y otra vez o tal vez solo me he observado haciéndolo. He visto mi vida con ella y nunca me he sentido peor, la entidad que me tiene prisionero me tortura con esa realidad todo el tiempo, he visto lo que es ser verdaderamente feliz y se desde el primer momento que no podré serlo, he intentado engañarme y pensar en que si soy verdaderamente feliz y amado pero en otro lugar, en otro cuerpo. He visto como acaba esto, he visto muchas versiones y mezclas de mi fin. Me he sentado a observar mi vida con ella como quien observa la imagen de un amor perdido. He visto una sola vez -y no creo que vuelva a verlo- como caminamos los dos por estos largos pasillos agarrados de la mano, intentando evadir la soledad.
Crucigrama
Personajes:
Vernon
Ned
Dos hombres. Uno esta parado mirando al segundo, que esta dormido hecho un ovillo en el suelo. El hombre se pasea de un lado a otro del lugar como esperando algo, el otro ronca sonoramente. El primer hombre patea ligeramente un costado del que esta acostado. Luego se sienta en cunclillas y lo pica con el dedo indice repetidas veces.
Vernon: Venga, se que no estas dormido.
Ned: Lo estoy.
Vernon: ¿Entonces como es que me contestas?
Ned: No lo hago.
Vernon: Se que no estas dormido; Cuando duermes mueves el pie izquierdo.
Ned empieza a mover el pie derecho.
Ned: ¿Lo ves? Estoy dormido, ahora deja de interrumpir mi sueño.
Vernon: Ese que mueves es el pie derecho.
Ned: ¿Qué importancia tiene?
Vernon: Si vas a engañarme al menos hazlo bien.
Ned: No mereces mas que una mentira barata.
Vernon: ¿Por qué, acaso no somos amigos?
Ned: Lo eramos, tienes razón; Pero ya no mereces mas de mí que el baile de mi pie derecho.
Vernon se levanta y da vueltas alrededor de Ned.
Ned: Ademas, si no estuviera dormido tampoco me molestaría en hablarte.
Vernon: No entiendo porque.
Ned: ¿Te preguntas por qué?
Vernon: No, solo no entiendo.
Ned: Ya te lo dije, yo no pedí que me trajeras aquí.
Vernon: Pensé que sería divertido.
Ned: No lo es, te vas a quedar hablando tu solo por la eternidad.
Vernon: Pero tu estas aquí, lo mínimo que puedes hacer es hablar conmigo y ayudarnos mutuamente a no volvernos locos.
Ned: No, yo no pienso hablar contigo.
Vernon: ¿Y que es lo que haces ahora mismo?
Ned: Una excepción.
Vernon: Venga, hablemos de algo, me aburro.
Ned: Lo siento, yo estoy durmiendo.
Vernon: Te juro que no sabía que esto iba a ser así.
Ned: Yo pienso que si lo sabías y aun así me arrastraste hasta aquí.
Vernon: Yo jamas haría eso.
Ned: Lo hiciste hace un rato.
Vernon [irritado]: Ya te lo dije mil veces, fue un accidente.
Ned: Jamas debí haberte hecho caso cuando me contaste tu fabuloso plan.
Vernon: ¿Lo ves? Tu también pensabas que iba a ser fabuloso.
Ned: Si, pero en ese entonces estaba aun mas borracho que tú.
Vernon: A decir verdad no se como logramos encender la maquina.
Ned se levanta, se estira, bosteza, se despereza.
Ned: A decir verdad, todo fue gracias a mí.
Vernon: Si, sin tu apoyo jamas habríamos llegado aquí.
Ned: Y por eso me maldigo mil veces.
Vernon: No tienes porque culparte a tí, ni tu ni yo sabíamos que esto iba a pasar.
Ned: Al menos hubiéramos esperado a la mañana, así me hubiera despedido de Cindy y de mi hijo.
Vernon: Yo te dije que les llamaras por teléfono.
Ned: No me gusta hablar por teléfono.
Vernon: Cosa que nunca he entendido.
Ned: Ya te lo dije, se me hace algo terriblemente impersonal, necesito verle la cara a mi interlocutor.
Vernon: Pues mira una foto mientras hablas, a mi me funciona.
Ned: No traía ninguna, ademas, en casa nunca contestan el teléfono.
Vernon: ¿No te regale una contestadora en navidad?
Ned: Si, pero no la uso.
Vernon: ¿No pudiste hacerla funcionar, verdad?
Ned: Si, pero no supe que mensaje grabar.
Vernon: Un simple “no hay nadie en casa, deje su mensaje” serviría.
Ned: Eso es demasiado común, sería la burla de nuestro circulo de amigos que contratan guionistas solo para esos menesteres.
Vernon: Tu y yo sabemos que eso no es cierto, todos te aprecian tal y como eres, por algo somos tus amigos.
Ned: No quiero volver a tener amigos, solo me traen problemas.
Vernon: ¿Acaso no puedes olvidarte de ese incidente de la otra noche? Todos estábamos demasiado borrachos y no importa cuantas veces me acuses no estoy seguro de haber sido yo el que tiro tu televisor a la bañera.
Ned: Todos te vimos, tus ojos inyectados de sangre y tu sonrisa maníaca al momento de aventarla.
Vernon: Se han de haber confundido, no pude haber sido yo, no tengo la fuerza para cargar un televisor.
Ned: Tengo fotos, testigos. Harías bien en rendirte y pagarme de una vez por todas.
Vernon: Ya te dije, no he sido yo. Solo sabes que yo no te rompería la boca por una acusación semejante así que te lanzas en contra mía.
Ned: De cualquier modo, aun cuando me la hubieras pagado ya jamas podre ver televisión.
Vernon: De los dos siempre he dicho que tu eres el fatalista.
Ned: Y tu el idiota.
Vernon: No se porque te molestas conmigo, no hay razón para agredirme.
Ned [con los puños cerrados, como boxeador]: Hay razones de sobra hasta para molerte a palos.
Vernon: No me amenaces, no quiero perder a mi único amigo.
Ned: No se de quien hablas.
Vernon se acuesta en el suelo, suspira, se pone ambas manos en el vientre.
Vernon: Tengo hambre, ¿no tienes algo de comer?
Ned: Tenía un plátano en algún lugar.
Vernon: Seguramente ya te lo has comido y ni siquiera te has molestado en darme un pedazo. Eres un egoísta.
Ned: No, aparte del que me comí tenía otro pero probablemente lo perdí.
Vernon: Busquemoslo, me muero de hambre.
Ambos hombres dan vueltas y miran para todos lados, se tientan en los bolsillos, no encuentran nada.
Ned: No lo encuentro.
Vernon: Ni yo, pensé haberlo visto hace unos segundos pero solo era mi imaginación sedienta de que encontrar el dichoso plátano.
Ned: Me pregunto porque no trajiste víveres.
Vernon: Pensé que nos las arreglaríamos una vez que llegáramos aquí.
Ned: Como siempre te has equivocado miserablemente.
Vernon: No siempre lo hago.
Ned: Lo ves, te equivocas.
Vernon: Me siento famélico, pronto recurriré al canibalismo.
Ned: Espero que empieces contigo.
Vernon: Ojala recordara en que dirección dejamos la nave.
Ned: Al sur, como a 30 mil kilómetros dando un rodeo por esas piedras gigantes.
Vernon: Esas las imaginaste.
Vernon se rasca la cabeza y cierra los ojos, esta pensando a un ritmo muy lento.
Vernon: Yo recuerdo que venimos por el norte, soplaba el viento en mi nuca susurrando mi horóscopo.
Ned: ¿Y qué decía?
Vernon: Lo de siempre, que me iba a morir (se sienta en el suelo, se mira tristemente los pies)
Ned: Bueno, no te pongas triste, algún día habrán de atinarle.
Vernon: Ojala, cualquier cosa sería mejor que seguir atrapados aquí.
Ned: Bueno, vayamos a la nave, según recuerdo había visto el periódico tirado en la cabina.
Vernon: Pero es de hace tres días, me aburre la historia antigua.
Ned: Pues le cambiamos la fecha y listo.
Vernon: Aun así, tu y yo sabríamos que es de hace tres días y mañana lo veremos como una antigüedad y la próxima semana ya estará en un museo.
Ned: Aquí no hay museos.
Vernon: Podríamos hacer uno.
Ned: Nah, demasiado trabajo, ademas, ni tu ni yo acabamos la carrera de arquitectos.
Vernon: Pero podemos apañarnoslas bastante bien con una regla y un pedazo de papel.
Ned: Pero no tenemos ni uno ni lo otro.
Vernon: Podemos usar el periódico para trazar los planos.
Ned: ¿Y con qué escribiríamos?
Vernon empieza a morderse la mano, lucha, tira de su piel, se saca las llaves y empieza a apuñalar su mano.
Ned: ¿Qué haces? Si intentas entretenerme lo estas haciendo mal, preferiría ver como muerdes tu propio codo.
Vernon: Nada de eso, pero aunque no me creas puedo morderme el codo es mas puedo morderme la rodilla y el codo al mismo tiempo pero ese no es el tema
Ned: No me importa, ahora quiero verte morder la rodilla y el codo.
Vernon: Necesito que sea de noche y estar desnudo.
Ned: Es de noche, según creo.
Vernon: Pero no estoy desnudo.
Ned: Ah, tienes razón, olvídalo. Regresa al tema.
Vernon: Lo he olvidado.
Ned: Entonces habla de cualquier cosa.
Vernon: Pensaba usar mi sangre como tinta para nuestros planes para el museo de periódicos del mundo.
Ned: Dios, no se de que hablas, la locura te ha atrapado.
Vernon [llevándose las manos a la cabeza]: Diablos, me has puesto nervioso… hazme un chequeo medico rápidamente, anda.
Ned: No recuerdo como hacerlos.
Vernon: Ah, si, que abandonaste la carrera de medicina en el tercer semestre
Ned: Si, para estudiar mecánica.
Vernon: Por cierto, ¿Como vas con eso?
Ned: Mal, llevo tres días sin ir a clase.
Vernon: Existe la escuela por correo.
Ned: Cállate, mejor te hago esa revisión, solo espero no matarte.
Vernon: Si lo haces prometo no demandarte.
Vernon se queda tieso como una tabla con los ojos fijos al horizonte.
Ned da una vuelta al rededor de Vernon y le observa de arriba abajo; Luego lo toca en la cabeza, le quita un zapato y le rasca un pie. Le vuelve a poner el zapato y luego le huele la axila izquierda, lo vuelve a oler, le da un par de golpecitos en el pecho. Lo acuesta y le levanta las piernas a la altura del vientre. Luego le ayuda a pararse.
Vernon: Estoy completamente demente, ¿verdad?
Ned: Los locos nunca piensan que están locos por tanto, tu no estas loco, solo tienes problemas de identidad.
Vernon: Me alegro, me estaba volviendo loco la incertidumbre.
Ned se sienta en el suelo, intenta morderse el codo y la rodilla, lucha por alcanzarlos, rueda por el suelo gimiendo de desesperación.
Vernon: Acabo de recordar que si usamos el periódico de papel para trazar entonces no tendremos nada que exhibir en nuestro bello museo.
Ned se levanta del suelo, se arregla la camisa.
Ned: Tienes razón, es una hermosa construcción, me gusta especialmente la fuente en forma de glóbulo blanco.
Vernon: Eso es por que fue traída directo del Tibet, esculpida a mano por 200 monjes budistas que murieron antes de acabar su obra.
Ned: Según leí, les había caído una escultura de una estructura celular simple encima.
Vernon: Una verdadera tragedia.
Ned: Guardemos un minuto de silencio, es lo menos que podemos hacer.
Ambos hombres se quedan callados, Ned se mira la punta de los zapatos, Vernon se peina con las manos y se acomoda la camisa hasta que Vernon empieza a silbar por accidente, mas de un minuto a pasado.
Ned: Joder, no puedes callarte ni por un segundo.
Vernon [mirando al cielo]: Si pude, por 1 minuto 34 segundos.
Ned: ¿Como lo sabes?
Vernon señala al cielo.
Vernon: ahí arriba hay un reloj de neón de Mickey Mouse.
Ned levanta la vista, no ve nada así que se mueve para la izquierda y luego para la derecha. Al final Vernon lo toma de los costados y lo dirige al lugar donde él mismo estaba parado, ahí le coloca la cabeza para que mire al cielo.
Ned: Veo algo, pero no traigo mis lentes así que podría ser solo una mancha.
Vernon golpea a Ned en la nuca, un golpe seco de karate. Ned cae al suelo sonoramente boca abajo. Se sienta junto a él y espera, jugando con sus manos piedra papel o tijera, maldice después de cada partida. Luego de unos segundos Ned se levanta sobándose frenéticamente toda la cabeza.
Ned: ¿Que ha pasado? ¿Por qué estaba en el suelo?
Vernon: No lo se, estábamos charlando y derrepente te dio por tirarte al suelo, pensé que estabas deprimido y que ibas a llorar pero después empece a creer que te habías quedado dormido, por ultimo penes que te habías desmayado y así era así que me senté a esperar, han pasado dos días y me estoy convirtiendo en un muerto en vida, casi puedo sentir como mi estomago devora a mis órganos adyacentes.
Ned: ¿Por qué no llamaste a un medico?
Vernon: Pero si al que debería de llamar es al de la cocina italo-brazileña , ¿yo para que coño quiero un doctor?
Ned: Ya no importa, era para mí pero ya me siento mejor.
Vernon: Lo he notado, te ves con unos ánimos que hace días que no te veía.
Ned: Eso es porque estaba durmiendo.
Vernon: Ya no te creo nada.
Ned: Pero yo no te he mentido.
Vernon: No te creo.
Ned: Acabo de recordar que no he hecho los crucigramas del periódico y el sudoku esta a medio terminar.
Vernon: Debiéramos de ir a buscar tu dichoso periódico.
Ned: Si, así nuestra aventura iría a alguna parte.
Vernon: Si, tu sabes lo que dicen, hay que buscar nuevos aires para sentirse mejor.
Ned: ¿Quién dice eso?
Vernon: Tu, en alguna ocasión.
Ned: Eso no cuenta, mi cerebro nadaba en alcohol en esa ocasión.
Vernon: Esa siempre es tu excusa.
Ned: Perdóname, es que me encuentro borracho. Ned camina como borracho al rededor de Vernon. Levanta una mano como silenciando a alguien.
Vernon: Haríamos bien en buscar la nave.
Ned: ¿Al menos recuerdas como era?
Vernon: Vagamente.
Ned: Bueno, no sera difícil encontrarla entre todo este desierto.
Vernon: Este no es un desierto, si lo fuera habría un oasis. Así valdría la pena caminar por la arena quemándonos las plantas de los pies, solo para llegar a ese pedazo de paraíso lleno de dátiles y frutas exóticas y un mono mayordomo que atiende todas nuestras necesidades. Lo malo es que aquí ni siquiera hay un desierto bajo nosotros, no hay un sol que nos asfixie con su amor, no hay serpientes que nos muerdan por las noches. No hay ningún martirio que haga valer la recompensa.
Ned: ¿Así que porque no buscamos el periódico y nos divertimos un rato?
Vernon: Pero temo que luego de divertirnos un rato nos aburramos el resto de nuestras vidas.
Ned: Podemos hacer un avión de papel.
Vernon: Entonces quedaríamos al borde del suicidio cuando fuera arrastrado por un soplido del viento.
Ned: Bueno, busquemos el periódico, sera divertido, quizá encontremos algo mas que el vacío y la nada.
Vernon: Lo dudo.
Ned: ¿Ahora entiendes porque siempre he dicho que de los dos tu eres el fatalista?
Vernon: Y tu el idiota.
Ned: Vamos a buscar la nave y dejemos tirados nuestros rencores en el camino, los esconderemos y procuraremos no hacer contacto visual con ellos cuando estemos de regreso para estar seguros de que no han vuelto a nosotros.
Vernon: Vale, vayamos para el sur, no estamos demasiado lejos, quizá lleguemos en una semana o dos.
Ned: ¿Realmente no recuerdas que venimos del norte?
Vernon: No, porque entonces estaría equivocado y yo jamas me he equivocado.
Ned: Entonces vayamos para el sur, así podremos comprobar que me equivoco.
Vernon: ¿Y luego caminar el doble solo para llegar a nuestro destino en el norte? Jamas.
Ned: Vale, entonces vayamos para el norte.
Vernon: No, tu poca fe en nuestra tarea nos hará fracasar.
Ned: Eres demasiado exigente.
Vernon: No, tu te conformas con cualquier cosa.
Ned: No es cierto.
Vernon: No discutamos, solo que en tu corazón siempre sabrás que eres un conformista.
Ned: Tienes razón.
Ned se sienta en el suelo, mira al horizonte fijamente.
Ned: ¿Entonces que hacemos?
Vernon: Yo puedo ir a buscar la nave, mientras tu puedes esperar aquí. Puedes dormir, puedes cantar.
Ned: Puedo hacer ambas.
Vernon: Entonces así le hacemos, tu espera a mi regreso y yo voy a irme para regresar cuanto antes, regreso en un par de semanas.
Ned: ¿Un par de semanas? Voy a morir de aburrimiento.
Vernon: Eso no es posible.
Ned: Puede que yo sea el pionero.
Vernon: No estas destinado a eso.
Ned: Bueno, entonces llévame contigo, no sabes que horrible es quedarse solo en este lugar durante tanto tiempo.
Vernon: Tu tampoco.
Ned [preocupado, jalándose el cabello; La voz es un gemido agudo]: Pero no quiero averiguarlo. Ademas, ¿Qué tal si hay nativos?
Vernon: No te van a comer, no te ves apetitoso.
Ned: No, lo que me preocupa es que no me entiendan al presentarme ante ellos.
Vernon: Pues háblales con señas.
Ned: No entiendes, sería como intentar arreglar un motor de reacción de plasma con un pedazo de pan duro.
Vernon: Yo lo hice.
Ned: Y mira donde quedamos. Los nativos y yo no nos vamos a entender, es una estupidez creer que dos razas tan distintas se podrían entender, puede que ni siquiera les reconozca como nativos, quizá estén encima de mi acechando y no les vea.
Ned se empieza a sacudir todo el cuerpo para intentar quitarse todos los nativos invisibles.
Vernon: Aun tienes uno en la pierna.
Ned echa a correr por todo el lugar, agitando la pierna y gritando incoherencias.
Vernon: Ya, ya se ha ido.
Ned: Por favor, llévame contigo, no quiero que me destripen en un vano intento de entender a este extraño hecho de carne.
Vernon: No puedo llevarte conmigo, me vería tentado a comerte después de unas horas así de hambriento me encuentro y creo que en la guantera de la nave tenía una navaja suiza así que ese es un mal plan.
Ned: Entonces yo iré al Norte para no aburrirme. Se queda pensando. ¿Pero y si de casualidad me encuentro la nave?
Vernon: En el remoto caso de que eso pase entonces grita mi nombre a ver si te escucho.
Ned: No creo que eso sirva.
Vernon: Yo tampoco, pero no se me ocurre ninguna solución.
Ned: ¿Que te parece esto, si encuentro la nave me regreso acá con el periodico y cualquier otra cosa que haya adentro?
Vernon: Me parece bien.
Ned: Aunque conociéndote como te conozco se que seguirás caminando al norte hasta que des una vuelta entera al lugar y encuentres por fin la nave. No creo que des vuelta atrás después de los treinta mil kilómetros que conté desde que comenzamos nuestra caminata.
Vernon: ¿También contaste cuando caímos en ese desnivel?
Ned: Si, fue difícil, pero saque una cifra aproximada de todos modos.
Vernon: Entonces tu ve al norte y yo al sur y quien quiera que encuentre la nave regresa acá con todo lo de la nave, incluyendo los asientos.
Ned: Aunque no eran demasiado cómodos.
Vernon: Si no hubiéramos estado tan apresurados hubiera podido hacer algo mejor.
Ned: Pero por la mañana iba a llover y la nave no tiene techo, ya lo se.
Vernon: Por fin muestras algo de mejora.
Ned hace una mueca de asco.
Vernon: Dejemos de perder el tiempo y busquemos nuestro destruido transporte.
Ned: Ya que.
Ambos caminan fuera del escenario, ambos empiezan a silbar. El silbido de Ned se apaga derrepente. Entra de nuevo Vernon, mira para ambos lados muy asustado, luego se acuesta y se duerme. Pasan los minutos. Ned regresa, con la ropa rasgada, con el pelo alborotado.
Ned: ¿La encontraste?
Vernon se levanta, se estira, bosteza, se despereza.
Vernon: ¿Qué? Se talla los ojos.
Ned: La nave.
Vernon: No, me perdí, pensé que jamas nos volveríamos a ver.
Ned: ¿Y no me vas a preguntar si yo encontré la nave?
Vernon: Me da igual, yo se que no la encontraste.
Ned: ¿Como lo sabes?
Vernon: Magia.
Ned: Busque durante días enteros la maldita nave, me duele el cuello por dormir en el suelo tanto tiempo, no he comido mas que pedazos del suelo que arranqué a mordidas.
Vernon: Puede que la hayas confundido, ¿recuerdas como era?
Ned: Si, era grande, de metal, era parecida a otras naves que he visto aunque en realidad no he visto muchas.
Vernon: ¿Recuerdas de que color era?
Ned: Si, amarilla. Tu la pintaste y yo te dije que ese era un color horrible pero solo me golpeaste con la brocha.
Ned se queda congelado durante unos segundos, sin mover un musculo. Espera algo.
Vernon: ¿Qué pasa?
Ned [con la boca cerrada, apenas se entiende lo que dice]: Espero una disculpa.
Vernon: Yo buscaba una nave mediana, estilizada y delgada como una modelo, con luces rojas enfrente y pintada de color morado.
Ned: Solo buscabas un ideal, esa no era la verdadera nave.
Vernon: Pero aun así me gustaría que lo fuera. Se enoja
Ned: Ahora me has hecho dudar, espero no haber omitido de mi campo de visión a nuestro transporte solo porque no es como yo creía.
Vernon: Debimos haberle tomado una foto.
Ned: Yo le tome una.
Vernon: Pues sacala, así veremos como era.
Ned busca algo en el bolsillo de su chaqueta, lo saca, lo muestra triunfal
Ned: La deje en la nave, pero mira, tengo una de Cindy.
Vernon: Pudiste haberle hablado por teléfono.
Ned se sienta en el suelo, se pone a sollozar.
Vernon: Tranquilo, si no mal recuerdo mi celular aun tenía saldo.
Ned mira a su amigo con emoción y se levanta de un salto.
Ned: ¿Pero esta en la nave, verdad?
Vernon: No, lo tengo aquí mismo pero diciendo lo contrario te impulso a tomar las riendas del asunto, luego me lo agradecerás.
Ned: Vayamos pues, así puedes enseñarme el final de mi lección.
Ambos empiezan a caminar. Desaparecen durante un minuto o dos, pero menos de lo que tardo Vernon la vez anterior. Vuelven al escenario cargando un periódico y una bolsa de papel marrón.
Vernon: ¿Por qué regresamos aquí?
Ned: Me siento cómodo aquí, ademas, cuando estábamos dentro de la nave oí algunos nativos acechando.
Vernon [se pone en guardia]: ¿Crees que nos hayan seguido?
Ned: Nos siguieron durante un buen rato, pero por eso dimos ese rodeo hace 450 kilómetros. Los oí dispersarse y maldecirnos.
Vernon: Eso les enseñara a temer nuestros cerebros superiores.
Ned: Fue pura suerte, la próxima vez nos podrían capturar.
Vernon: Deberíamos tomar turnos para dormir, así uno estará siempre vigilando que no se acerquen a nosotros.
Ned: Sería mas seguro si ambos nos quedamos despiertos, tu sabes que no tengo buena visión periférica.
Vernon: Tienes razón, si te quedas a cargo ambos estaríamos camino a la perdición.
Ned: He de admitir que tienes razón.
Vernon: Pero bueno, tenemos algunas naranjas y un par de plátanos.
Ned: Primero préstame tu teléfono, necesito decirle a Cindy que ya no hay huevos en casa.
Vernon: A estas alturas ya lo ha de haber averiguado.
Ned: le das mucho crédito, una vez pensó que no teníamos agua caliente durante un mes, llame a un plomero y no encontró ninguna falla en nuestra tubería.
Vernon: ¿Y luego que paso?
Ned: No te confiaría esas cosas tan privadas.
Vernon: ¿Y a quién mas se las dirías? Estamos solos aquí.
Ned: Están los nativos.
Vernon: Ellos no entenderían.
Ned: Solo necesito alguien que me escuche, no que me comprenda.
Vernon: Entonces no me lo digas.
Ned: Esta bien, maldita sea, no tienes porque ponerte así.
Vernon: Me disculpo, eso fue completamente inapropiado.
Ned: Bueno, Cindy se dio cuenta de que simplemente había estado abriendo la llave del agua fría y no la caliente, para ese entonces yo estaba ya instalando una nueva tubería.
Vernon: Suele pasar.
Ambos se sientan, Vernon pone el periódico a un lado y la bolsa se la pone entre las piernas.
Ned: Dame un plátano.
Vernon: Déjame ver si aun quedan. Rebusca en la bolsa, saca muchas naranjas y al final un plátano. Solo queda uno, compartamoslo.
Ned: Me da asco compartir mi comida.
Vernon: Anda, cierra los ojos si quieres, no notaras que falta la mitad del plátano, es mas, lo comeré en silencio, me lo tragare de un bocado para que no te asquees.
Ned: Aun así sentiré tus germenes violando mi boca.
Vernon: Entonces comete el plátano tu solo
Ned: Así esta mejor, dámelo ya.
Vernon toma el plátano y se lo mete a la boca, lo ensaliva todo, lo lame, se lo da a Ned, que hace caras de asco. Mira al plátano.
Ned [se ríe]: Por suerte el plátano tiene una piel que le puedo quitar, si creíste que me iba a molestar por algo así no me conoces. Comienza a comer el plátano, lo mastica lentamente, no traga.
Vernon: Anda, dame un pedazo.
Ned le da el plátano, Vernon lo muerde.
Vernon [masticando]: ¿Qué te hizo cambiar de opinión?
Ned: Que esta podrido, sabe horrible, quise deshacerme de el y eras la única opción disponible.
Vernon [traga]: debiste haberlo sabido, después de dos meses ahí en la cabina era obvio que se iba a pudrir.
Ned: Tenía esperanza de que no fuera así.
Vernon: Yo como pase mucho tiempo añorando este bocado, mirando como me negabas el placer de comer un pedazo ahora me sabe a gloria, es lo mejor que he comido y no es la locura inducida por la hambruna la que me hace decir eso.
Ned: Si lo piensas así entonces adquiere otro sabor, dame otro pedazo.
Vernon: Lo siento, para ti esta podrido, ¿no? No quiero que te haga daño. Se come todo el plátano. Pero puedes quedarte con la cascara.
Ned: Gracias Lame la cascara.
Vernon: Estoy aburrido.
Ned: Yo también, pasame el periódico.
Vernon le pasa el periódico y él le echa una rápida ojeada.
Ned: No recuerdo a ninguna de estas personas, me parecen tan ajenas.
Vernon: Suele pasar.
Ned: ¿Donde esta el crucigrama?
Vernon: Pagina 24.
Ned pasa a la pagina 24 y observa atentamente.
Ned: ¿Tienes una pluma?
Vernon: Tu la traes.
Ned: Es cierto Saca una pluma de su bolsillo.
Vernon: Yo sigo aburrido, ¿no podemos hacer el crucigrama juntos?
Ned: No me siento cómodo con esas cosas.
Vernon: Ademas, si tu resuelves el crucigrama entonces yo seguiré aburrido por siempre, pues ya estará resuelto y no tendré nada con que entretenerme.
Ned: Esta el sudoku.
Vernon: Pero no entiendo ese juego.
Ned: Ni yo, pero tenemos una eternidad para aprender a jugarlo.
Vernon: Mejor dame el periódico a mí.
Ned: Ni loco, lo contestarías lentamente y me aburriría de verte pensar las respuestas.
Vernon: Entonces peleemos para ver quien se queda con el crucigrama.
Ambos se levantan, se ponen en guardia y pelean durante un rato, se muerden, se arañan, se dan de puñetazos, se patean, tiran al otro al suelo, luchan por alcanzar el periódico. Al final ambos quedan acostados en el suelo.
Ned: Estoy aburrido.
Vernon: Yo también, pasame el periódico.
Ned le pasa el periódico, que tiene en manos. Luego se estira, se queja, alza el cuello y mira al cielo.
Vernon: ¿Qué haces, no ves que me distraes de mi crucigrama?
Ned: Intento irme de aquí, estoy aburrido de este lugar. Intentaba volar.
Vernon: ¿Puedes volar?
Ned: Yo supuse que si, nunca lo había intentado así que no puedo estar seguro.
Vernon: Debiste haber practicado antes, nada se logra de golpe.
Ned: Bah,calla, solo me interrumpes de mi gran escape.
Vernon le agarra con ambas manos y lo inmoviliza.
Vernon: No me dejes aquí solo, si quieres te doy el crucigrama y el sudoku y la pagina de chistes.
Ned: No, ahora solo quiero irme de aquí.
Vernon: Vamos, si estas aburrido podemos ir a la nave, podemos escuchar la radio o dormir un rato.
Ned [sin dejar de intentar volar]: Quizá podríamos arreglarla y regresar a casa.
Vernon: No recuerdo las coordenadas.
Ned: Ademas, los nativos no nos dejarían, están demasiado acostumbrados a nosotros.
Vernon: Si, nos aman.
Ned: A su modo, claro.
Vernon: Tengo una idea Se sienta, Ned lo imita. Haré el crucigrama y luego lo borrare para que tu también puedas resolverlo, así nos divertiremos el doble.
Ned: ¿Y cuando ambos lo hayamos resuelto?
Vernon: Nos inventaremos otro nuevo.
Ned: ¿Y cuando resolvamos ese?
Vernon: Nos golpearemos el uno al otro con el periódico enrollado Enrolla el periódico.
Ned: ¿Y luego?
Vernon: Podríamos correr en círculos.
Ned: Si, te hace falta algo de ejercicio.
Vernon: Es que acabo de comer.
Ned: Mentiras, estas gordo como un cerdo. Pellizca a su amigo en el estomago.
Vernon: Bueno, entonces esta decidido, resolveré el crucigrama y luego borrare mis respuestas para que tu también te diviertas.
Ned: Pero no te atrevas a pedirme ayuda, no quiero saber de que tratan las preguntas, eso arruinaría mi día.
Ned saca otro plátano de la bolsa, lo pela y empieza a comerlo, Vernon resuelve el crucigrama. Ambos silban.
Vernon: Dime una palabra de 10 letras, es un juego con palabras popular en la sección de entretenimiento de los periódicos, empieza con c y termina con a.
Se cierra el telón.
Una chica (y otra mas)
Esto va de dos chicas que van tomadas del brazo el una con la otra en silencio caminando a la mitad de la calle inconscientes de que hay un hombre torturando al claxon de su auto para que ellas le oigan y se quiten del camino, ajenas a todo excepto a ellas mismas y al oxxo que es su destino . Esto va de mujeres, como siempre.
La de la izquierda dice que se llama Teresa, pero sus padres dicen otra cosa. Desde que Teresa y la chica de la derecha se conocen Teresa siempre ha sido Teresa, excepto por una vez que fue Juana. Teresa trae la ropa mal acomodada, la chamarra puesta al revés, sus vans se sostienen de una ultima agonizante costura y trae calcetines de colores que chocan, nada de esto ha sido dejado al azar. La de la derecha se llama Carmen y si se llama Carmen, si intentaras localizarla entre una multitud de chicas no la reconocerías jamas o pasarías de ella. Sus señas particulares son una cicatriz en la frente de cuando se cayo de los columpios cuando era niña, un lunar a un lado de la nariz y el hecho de que trae los labios color verde. Carmen escarba entre las cosas que trae en su diminuta bolsa en busca de un encendedor, saca sus llaves (se las da a Teresa para que las sostenga un momento), su cartera y su celular. Encuentra el encendedor y se lo pasa a Teresa que prende el cigarro que hasta hace unos momentos traía en la oreja y luego esta le pasa el delicado a la otra. A las dos las unió el mutuo amor por Brian Molko, el haberse sentado la una junto a la otra en primer año y un par de confesiones.
Teresa esta en el ultimo año de la preparatoria y encuentra angustioso el hecho de que no se angustie por no saber que va a hacer después, su madre le dijo que se consiguiera un trabajo y fue a burger king a pedir uno pero sin ganas, se lo dieron. No regreso jamas (a día de hoy sigue sin plantar pie en ese burger king y lastima, porque ahora se esta muriendo de ganas de orinar y no paso pues piensa que en cuanto entre le entregaran un uniforme y la encadenaran al emocionante mundo laboral durante el resto de su vida). Su padre le dijo que debería entrar de secretaria en las oficinas donde este labora. “Debería servir de algo el que siempre andes pegada a la compu” pero ella no cree que la acepten y con buena razón pues nadie acepta a alguien que eskribe todo kn k. Teresa estaba sentada mirando como su maestro de biología se rascaba la entrepierna con -inexistente- disimulo cuando se le ocurrió mirar por la ventana y ahí estaba Carmen, su mejor amiga, esperándola, bebiendo una coca-cola. Carmen la saludo y luego procedió a sacarle la lengua, las dos se enredaron en un juego de mímica en el que el tema era “se la quiero chupar a mi profesor”.
Carmen dejo a su novio ahí sentado esperando una respuesta y camino directo a la parada del microbús que la llevaría a su escuela, a donde no había ido en meses. Se encontró siendo saludada por mucha gente que recuerda vagamente de algo, con algunos ha compartido botellas de oso negro, con otros pocos unos cuantos minutos en un cuarto con las luces apagadas en alguna fiesta en el fin del mundo. A todos les responde que se había ido a los Estados Unidos con sus tíos. Anota nuevos correos, mata el tiempo con alguien que le cuenta que Daniel esta totalmente enamorado de ella, ella no sabe quien es Daniel. Le regalan un par de cigarros que procede a fumar acostada bajo el sol. Alguien le invita a fumar mota en el estacionamiento, alguien mas le pasa un improvisado flyer para una improvisada fiesta amenizada por un tal Dj Beatchy, la invitación esta hecha estirando las posibilidades de Ms Paint al máximo. Ella declina ambas ofertas pero quedando en pasar a la fiesta por la noche. Se va a comprar una paleta y una coca cola, ahí se encuentra a su profesor de matemáticas pero este ni la reconoce a pesar del temor de Carmen a que él le diera una cátedra de la importancia de asistir a la escuela y que obligara a prometer entrar a clases de nuevo e ir a ver a la directora de la escuela para solicitar ayuda académica para salir en el tiempo requerido. Algún idiota hace un chiste respecto al ramo de rosas que ella trae en la mano.
Ambas corren a los brazos de la otra, como si de viejas amantes se tratara. “¿Como estas, perra?” pregunta la que acaba de salir de clases. “¿Por qué andabas tan desaparecida? Ni mis llamadas contestabas y ni te conectas al messenger” agrega teresa al ver que Carmen no esta dispuesta a soltar ninguna respuesta mas que “al rato te cuento.” Carmen evita mencionar en lo mas mínimo, ni siquiera aludir a su verdadera pregunta, por qué ese radical cambio de estilo, por qué usa un suéter tan grueso para ocultar un incipiente vientre de embarazada.
Ellas hablan y Carmen le muestra un video donde un tipo gordo y enano muy alegre esta en ropa interior bailando reggeaton, pese a la calidad ínfima del video se puede ver a Teresa sentada en un rincón, totalmente dormida, con la boca abierta y una botella de coca cola de 2 litros agarrada con la mano izquierda y eso, eso es lo que Carmen quería mostrarle. Teresa se empieza a reír y pregunta de donde saco el video. “De youtube, ¿de donde más?” y carmen al decir esto agrega un guiño con el ojo. “Que bizarrez, ni recuerdo haber estado ahí”, “Claro, si estabas bien peda” responde Carmen entre risas. “Chale, pinche naco feo ya quitalo, ¿no?” después de este comentario las dos se dedican a criticar a cuanta persona pase bajo sus ojos. Luego se encuentran a un amigo de las dos, le abrazan y cuando el amigo levanta la mirada de su PSP estas sonríen con su mejor sonrisa para la ocasión. “Vamos a chupar, ¿no?” y él dice que va, pero que tiene que regresar a clase en un rato. Los tres van al estacionamiento donde abordan el chevy azul de “Silvio” (o Roberto o Joaquín o Martín, escoja el de su elección) y van a la tienda unam donde compran una botella de tequila “zapata’s best” y un mezcal de diez pesos, también compran un jugo de naranja de un galón, se roban unos vasos de plástico y luego pagan todo a una mujer que casi no ve y hace un intento de hacer platica preguntando si van a tener una fiesta y les aconseja no beber demasiado, que es quincena y la policía detiene a mucha gente por nada. Se salen de la tienda mentando la madre de la mujer y contando cuanto dinero les queda (Teresa y Carmen se habían abstenido de cooperar pues “no tenían mas que para el pasaje”). En el estacionamiento empiezan a beber y “Roberto” pone el estéreo a todo lo que da, suena infected mushroom. Teresa lucha con un amigo de “Joaquín” que se les unió en el camino (puso la mayoría del dinero así que es persona grata) para poder poner su i-pod pero este la carga y la saca del auto. Beben, se acaban la botella de vodka y Teresa y Carmen van a pedir comida al metro, ahí un tipo que se las intenta ligar les prepara una torta de salchicha con queso, se la comen a toda velocidad y le dan las gracias al tipo de las tortas (que ha sacado su celular para ver si consigue sacarles sus números) con una sonrisa y un beso soplado. Regresan al auto donde “Martín” y su amigo discuten acerca de una tercera, ellas dicen que fueron al baño. Luego de eso “Inocencio” se dirigue a la escuela de nuevo, comprando a un vendedor ambulante un camel que baila de una mano a otra, a petición de Teresa van tirando las cenizas en una lata de té arizona, les pregunta si las deja en la escuela o en otro lugar, si tienen algo que hacer al rato. “Vamos al cine” dicen ellas y “Cristobal” las deja en la plaza con un préstamo de 60 pesos. En la entrada de los cines donde las dos amigas se encuentran mirando a que película deberían colarse cuando llega un tipo de rastas y 4 piercings en la cara – mas información: tiene un tatuaje de popeye en el antebrazo, usa bermudas y una camiseta que dice acapulco, en la parte inferior esta estampado un hombre gordo con una cerveza corona. Trae un yo-yo chino fosforescente con el que juega todo el tiempo, como si de un tic nervioso se tratara- y les entrega un flyer a la “Xtasiz Fezt 2008”, el les dice “es ahora o nunca” pues están a punto de irse. “Mis valedores están en mixup”. Después de mirar distraidamente los estantes de discos, de sumergirse entre recopilaciones de karaoke post-punk 1979-81, Teresa y Carmen se sorprenden al abrir los ojos y encontrarse atrapadas entre un mar de gentes atrapados en un mar de acero y cables, Teresa viaja la mitad del camino evitando que su trasero toque la erección del tipo gordo de camiseta de rayas en el que esta sentada. Bajar del auto les resulta mas difícil que un rompecabezas chino, pero al final lo logran pues Carmen se sale por la cajuela, aplastando un corazón de papel maché [no tomar como una metáfora]. Al otro día, el dueño del auto y su novia tienen una pelea por el corazón roto de la novia.
Carmen llama a su mama desde la calle y le dice que va a ver una película con Teresa pero que es muy tarde y mejor se queda en casa de su amiga. Después de un intercambio de datos para que la madre recuerde quien es Teresa [“a la que le dimos un ride una vez, la que usa ropa negra”] la madre le dice que se cuide y se lamenta por ser tan permisiva. Teresa llega y se sienta con su eterna amiga y prende un porro, llena de humo sus pulmones, lo deja ahí hasta que siente que esta poniéndose morada, Carmen hace lo mismo. Ambas regresan a la fiesta. Es una lona en un terreno baldío y 20 sillas de plástico con la leyenda “cerveza corona” en todas partes. En un rincón se encuentra el afamado dj, pateando su equipo, maltratando a su novia pues su mixer y su tornamesas se mojó. “Tendré que pinchar con el i-pod, pero no es lo mismo, falta el feeling del vinil” le dice a alguien que en toda la noche no se ha separado de esa improvisada cabina de mezclas. Hay mas de 20 personas ahí, así que la mayoría se sienta en el interior de su auto o si llegaron en microbús se sientan en el suelo, otros hacen improvisados asientos con cajas de cerveza vacías, otros simplemente bailan al ritmo de lo que dicen. Teresa se molesta pues no hay música, así que se dedica a beber y a medio ligar con un rockabilly ortodoxo, le gusta pensar que tiene un cadillac negro, se peina constantemente el flequillo y trae un mondadientes colgando del labio; A Teresa le parece divertido como hace un pequeño baile cada vez que sus ojos se cruzan.
Carmen esta en medio de todo, atrapada entre la gente que la empuja y le moja la blusa con algo que podría pasar por alcohol, siente una fuerte presión en el brazo, le duele pues es como una tenaza, como si ella fuera un juguete en esas maquinas con un brazo y el imposible objetivo de sacar un peluche. Es Daniel el que la jala, el que la lleva detrás de la cabina de Dj Beatchy -que mando a su novia a buscar otro tornamesas en casa de sus padres- que despues de un guiño de complicidad a su sequito, engancha el mas nuevo minimal ghetto tech con una cumbia villera; Daniel no le dirigue ningun tipo de palabra, no hay comunicación no verbal de su parte, esta hecho una estatua al que por arte de magia se le mueven los pies, ni por un segundo afloja la mano con la que remolca a Carmen hacía la calle, hacía el oxxo. Ahí el compra unos cigarrillos y una paleta de mango enchilado para ella, se sientan en las escaleras y él se prepara mentalmente para lo que se ha estado preparando mentalmente desde que hace dos horas uno de sus amigos le dijo que Carmen andaba como kinder sorpresa, el pregunto que cuantos meses tenía, el amigo no supo que responder. Daniel empieza con la voz llena de ese valor que da el tener 5 o 6 tequilas quemándote el estomago y la seguridad de que haces lo correcto. Su discurso empieza con un “se lo que te paso y quiero ayudarte” continua con “sabes, siempre estuve enamorado para ti así que quiero hacerme cargo de ustedes dos” insinúa el final con un beso y termina con una cachetada. Daniel se marcha sin decir nada mas que “puta” -en el transcurso de la noche encuentra a una muchacha lo bastante borracha con la cual apagar sus penas- y Carmen se regresa a la voraigne de gente confundida, por una parte piensa que sería bueno acostarse con alguien aparte de Octavio antes de que pierda todo interés en el sexo, se sonroja al pensar en desnudarse frente a alguien que no conoce y mas con las estrías que decoran su cuerpo.
Muy a su pesar Teresa entra en una casa a medio construir o casi destruida a orinar, ahí se encuentra con una larga fila de personas que esperan su turno para ir al baño así que se fuma un cigarrillo y ahí sentada en un sillón blanco manchado de distintas substancias que se sobreponen unas a otras como si de una segunda capa de piel se tratase (esto si los sillones tuvieran piel y no tela) se encuentra su amiga, bebiendo una cerveza. Carmen acaba de Lo único en lo que piensa es en acercarse a ella y con ambas manos romper la blusa de Carmen, luego clavar las uñas en el vientre de su amiga, rasgar la piel hasta que la sangre fluya, usar los dientes si es necesario para dejar abierto el útero, romper los órganos ayudándose de los vidrios rotos que pululan el suelo para después sacar al hijo no nato que Carmen trae dentro de si, ahorcarlo con el cordón umbilical, rasgarlo como un recorte de revista, arrancar manos y piernas, sin importar el desastre que haga, pisotear a ese feto hasta que no haya duda de que no pueda ser salvado y luego recoger los pedazos y limpiar la sangre y tripas del suelo y luego tirar todo a la basura para que todo vuelva a ser como antes y ese niño no se interponga entre ellas. Teresa entra al baño y luego llena una cubeta de agua para que todos sus desechos se vayan por el escusado ya que este esta descompuesto. Luego va y se sienta con su amiga, le hace cosquillas y Carmen le cuenta de Daniel, por supuesto le cuenta la versión editada, sin alegorías al embarazo.
Pasa la noche y Carmen y Teresa se encuentran en la cocina, la primera no sabe que hace ahí pero Teresa al parecer esta muy ocupada poniendo a hervir una olla con agua, luego revuelve entre las repisas en busca de algo, no lo encuentra así que lleva a Carmen afuera en dirección al oxxo en busca de unas aspirinas y otras cosas. Teresa hace una lista mental de todo lo que necesita y decide agregar unas píldoras para los cólicos, dicen que así el té es mas efectivo, ella también considera el hecho de que su amiga va a tener que tomarlo varias veces y no sabe como se las va a ingeniar para hacer eso. Teresa no trae un centavo, pero si es necesario se humillara ante el dependiente, le masturbara, lo golpeara o simplemente tomara las cosas e intentara huir con ellas. . Ahí van las dos mujeres tomadas del brazo entrando a un oxxo y mientras Carmen devora un bote de pringles su amiga busca desesperadamente los ingredientes para hacer su té, el té que su amiga Deborah tomo y que dice que sabe horrible, una vez lo probo ella misma pero no se lo pudo terminar pero no hubo problema pues lo suyo era una falsa alarma, un chiste de mal gusto de parte de su cuerpo. Teresa fracasa otra vez al no encontrar mas que unas aspirinas y se siente miserable; Terminan saliendo de ahí con un bacardi y unas galletas que paga Carmen(las pringles las tiraron en un rincón). Teresa le comenta a su amiga que mañana es el fin del mundo, o eso dicen los noticieros. Carmen dice que siempre es lo mismo con las noticias, siempre exagerando. Ambas se ríen y se desean un feliz fin del mundo la una a la otra.
Esto va de dos chicas que al final de la noche, que a eso de las 4 de la mañana se encuentran acostadas en un colchón roto, después de un intento de Teresa de chupársela al rockabilly en el baño, inútil pues él no pudo conseguir una erección y la entrepierna le apestaba a carne podrida. En la fila del baño Carmen le confiesa a Teresa su pequeño (aun sin extremidades formadas) problema pero esta no la oye por el ruido de la música o quizá no la quiere escuchar, Carmen no insiste. Antes de dormir Carmen le pide a su amiga que ponga el despertador de su celular pues necesita levantarse temprano para una cita con el doctor. Teresa olvida poner la alarma y se duerme abrazando a su amiga, que tiembla de frío.
La pistola
——
personajes:
Hombre de Adios-trash.
Chip.
——–
Se abre el telón. Chip esta dando vueltas en la sala de su casa con una pistola en la mano. Se sienta en un sillón y comienza a llorar. Se pone la pistola en la cien. Titubea.
Suena el timbre y Chip se va del escenario a abrir la puerta. Entra con el hombre de Adiós-trash.
Hombre: ¿Cual dice que es el problema?
Chip [irritado]: Ya le dije a la operadora.
Hombre [en tono burlón]: Y ahora me lo podría decir a mi.
Chip: ¿No ve que estoy alterado? No hay necesidad de que venga a mi casa a hablarme en ese puto tono.
Hombre: No, no hay necesidad.
Chip: Ya ve, hasta usted me da la razón.
Hombre: Bueno, dígame cual es el problema con su pistola desintegradora.
Chip [molesto]: Joder, el problema es que la pistola desintegro a mi esposa.
Hombre: Eso no es posible.
Chip: ¿Entonces por qué mi esposa no esta aquí? Da un par de pasos hacía el hombre.
Hombre: Probablemente salió a hacer las compras.
Chip: También desintegro a mi perro.
Hombre: ¿Tiene alguna prueba de eso?
Chip: Si, que mi perro no esta aquí.
Hombre: No es posible, la pistola adiós-trash modelo… ¿Me permite su pistola?
Chip: No, temo que usted me desintegre para ocultar la verdad.
El hombre se calla, luego empieza a forcejear con Chip para quitarle la pistola. No lo logra y Chip lo empuja y le apunta con la pistola. El hombre se asusta y se queda en posición fetal en el suelo.
Chip: ¿Si esto no desintegra humanos como es que tiene miedo de lo que yo pueda hacer?
Hombre: Reflejos.
El hombre se levanta tembloroso mirando fijamente la pistola.
Hombre: bueno, ¿me podría decir que modelo es su pistola adiós-trash?
Chip: Con todo gusto. AT-3000.
Hombre: Buena elección, señor. El AT-3000 es un excelente desintegrador casero pero con funciones para desintegrar objetos mas grandes. Hace ademanes como si estuviera presentando la pistola en un infomercial imaginario. Exagerados, algo incómodos.
Chip: Como mi esposa y mi perro.
Hombre: No es posible, la desintegradora esta diseñada específicamente para no desintegrar personas.
Chip: ¿Quiere que le compruebe que es posible? Apunta con la pistola al hombre.
Hombre: No, gracias.
Chip: ¿Tiene miedo?
Hombre: En estos momentos es mas pena ajena.
Chip: Oiga, le juro que si sigue hablando así me voy a quejar con su supervisor.
Hombre: Bueno, cuénteme como paso el incidente.
Chip: El morbo, el morbo. Chip empieza a caminar hacia otro lado y levanta una mano, fastidiado.
Hombre [en voz baja]: Es para el reporte de la compañía. Chip se vuelve hacía el hombre con la mejor imitación de una sonrisa.
Chip: Bueno, el caso es que estaba yo mirando la televisión y mi esposa me pidió que limpiara los contenedores de la cocina y entonces vino Clinton, mi perro, y se lanzo sobre mí y me cubrí instintivamente y cuando abrí los ojos mi perro se había desintegrado, debo haber presionado el gatillo por error. Chip actúa todo lo que cuenta al mismo tiempo que lo dice. Dejo solo ese peculiar olor y yo me puse a gritar, yo a Clinton le quería muchísimo, lo he tenido desde que me mude a la ciudad. Mi esposa entro preguntándome que había pasado, que porque gritaba. Yo le conté todo con lujo de detalles, tal y como lo hago ahora con usted. En fin, que se me fue un poco la mano con los detalles y le apunte con la pistola diciéndole que con ella había desintegrado a nuestro perro. Chip levanta ambas manos y luego se tapa la cara. Usted sabe que paso después, no puedo continuar pero para eso le he llamado, quiero una explicación de porque mi mujer y mi perro están muertos.
Hombre: Técnicamente no están muertos, si el AT-3000 realmente desintegrara seres vivos entonces sus átomos quedarían esparcidos por toda su casa. Pero para que usted no se preocupe de sobredosis de átomos sueltos hemos creado el micro-BH, así todos sus átomos acumulados serán tragados por el hoyo negro miniatura.
Chip: Si, lo se, mi esposa insistió en comprar uno pues dice que es alérgica a los átomos sueltos, aunque yo le he dije que fuera al doctor, que a lo mejor era otra cosa pero usted conoce a las mujeres, nunca escuchan.
Hombre: Si empezara a contarle mis problemas con Lindy no acabaríamos…
Chip levanta los hombros y da una vuelta sobre su propio eje.
Chip: Entonces no me los cuente.
Hombre: Bueno, ¿pero en que le puedo ayudar?
Chip: Es que cuando les desintegre fui corriendo a apagar el hoyo negro y empece a juntar los átomos en una caja. Toma una caja que esta en la mesa junto a su sillón. Mire, aquí están. Muestra la caja al hombre.
El hombre se asoma a la caja, temeroso.
Hombre: Muy bonitos. Usted es afortunado por tener una esposa tan delgada.
Chip toma al hombre por la camisa, esta muy molesto.
Chip: ¿Esta riéndose de mí?
Hombre: En estos momentos no. El hombre intenta de soltarse, se retuerce para intentar escapar de las manos de Chip.
Chip: Quiero saber si pueden juntar los átomos de nuevo para así tener a mí esposa y a mí perro de vuelta.
Le muestra al hombre la caja por segunda ocasión. El hombre vuelve a asomarse y señala al interior de la caja.
Hombre: Oiga, pero es que están todos revueltos, si pegamos los átomos su esposa podría salir meneando la cola.
Chip: No sería la primera vez.
Hombre: Es política de la empresa no hacer tales cosas, lo siento. Sonríe.
Chip: Al menos podrían intentarlo.
Hombre: Ver respuesta anterior.
Chip levanta la mano y hace como que apunta al hombre, luego mira su propia mano y se da cuenta de que la pistola la trae en la otra, rápidamente cambia de mano. Se aclara la garganta.
Chip: Deje de jugar conmigo, quiero a mi esposa de vuelta. Soy un desastre sin ella.
Hombre: Pensé que amenazar a desconocidos era lo que hacía todos los miércoles.
Chip: Generalmente paseo a Clinton y por la tarde voy al cine con Arlene.
Hombre: ¿Ya vio Vietnam nunca paso?
Chip: No, pensaba verla hoy. ¿Es buena? Baja la pistola por unos segundos.
Hombre: El final es algo pesado.
Chip: Quizá la rente mañana cuando salga en video.
Hombre: Ey, me estaba apuntando, ¿recuerda?
Chip: Vagamente. Vuelve a apuntarle.
Hombre: No se que puedo hacer por usted, lo de su supuesta tragedia excede mis habilidades, lo cual me llena de vergüenza por lo cual quiero huir de aquí.
Chip: Venga, llévese los átomos. Écheles un vistazo en casa.
Hombre: Lindy no me lo permitiría, le dan miedo los átomos.
Chip: Mujeres…
Hombre: Pero si tanto insiste puedo llevarme sus átomos y revisarlos en el almuerzo. Me apetece un calamar gigante relleno de arroz.
Chip: Vaya al Beta Bar, mi esposa y yo fuimos por nuestro aniversario y wow.
Hombre: Quizá vaya por allá, aunque me pilla un poco lejos de la oficina.
Chip: Bueno, ¿entonces me hará ese favor?
Hombre: Claro, le llamare si encuentro algo interesante que decirle.
Chip: Siempre hay algo.
Chip le entrega la caja al hombre y luego lo acompaña a la puerta (el limite del escenario) y después de un apretón de manos el hombre se va.
Chip se sienta en el sillón, coloca la pistola en la mesa y luego se levanta, sale del escenario y regresa con una cerveza. Se sienta y agita la cabeza derrepente, toma la pistola y sale del escenario de nuevo, por donde salio el hombre. Un minuto después regresa apuntándole al hombre.
Chip: Ponte cómodo.
Hombre: Estoy hambriento así que, ¿Puede darse prisa?
Silencio.
Hombre: ¿Ahora que?
Chip: ¿Usted que hace robándose a mi esposa y a mi perro?
El hombre intenta huir pero se tropieza y se le cae la caja. Chip le apunta todo el tiempo, se le queda mirando.
Chip: Y bien, ¿No va a recoger los átomos?
Hombre: Ahí voy, no me presione. No funciono bajo presión, ademas de que me sudan las manos. Muestra las palmas a Chip. Y como están sudorosas me cuesta mas trabajo recoger a su esposa.
Chip señala al suelo.
Chip: Que idiota es, mire, faltan algunos átomos. El hombre se agacha para mirar bajo el sillón. Y Ademas otros están rotos. Joder.
Hombre: No se preocupe, yo lo arreglo.
Chip: Párese, tengo una idea.
Hombre: Yo también, pero tendría usted que prestarme su pistola.
Chip: ¿Me cree usted idiota?
Hombre: Un poco.
Chip: Hombre, mi plan es desintegrarlo y meterlo en la caja junto a mi esposa, para que hable con ella y la tranquilice. Señala la caja y luego apunta al hombre de nuevo.
Hombre: ¿Es usted swinger?
Chip: No que yo sepa.
Hombre: ¿Entonces porque me obliga a intimar tanto con su esposa? ¿Se da cuenta de que nuestros átomos estarán tan juntos que se fundirán en una micro orgía?
Chip: Confío en usted ademas de que le estaré observando a cada momento.
Hombre: Ah, entonces usted es vouyerista.
Chip: Venga, contra la pared.
El hombre se dirige hacia la pared. Chip le jala y le empuja al lado contrario.
Chip: En esa esta mejor, no quiero fallar y desintegrar el Monet.
Hombre: ¿Donde lo compro? Señala el cuadro y se pone una mano en la barbilla, como buena persona en el acto de apreciar arte.
Chip: Venía con la casa. Chip apunta al hombre. ¿Listo?
Hombre: No todavía no, hay algo que me molesta.
Se acerca a Chip y mueve el cuerpo hasta colocarlo en una pose como de James Bond.
Hombre: Perfecto, ahora se ve sexy Y letal.
Chip se aclara la garganta.
Chip: Bueno, ahí vamos.
Hombre: Pero por dios, no sonría. Chip deja de sonreír. Venga, ponga cara de hijo de puta.
Chip: ¿Como es eso?
Hombre: Improvise, no puedo estarle guiando siempre.
Chip levanta una ceja y esboza una ligerisima sonrisa.
Hombre: Así me gusta. Ahora, levante un poco mas la pistola, con convicción. Chip levanta la pistola. Un poco menos. La baja un poco. Así, hermoso.
Chip: ¿Todo listo?
El hombre señala la pistola.
Hombre: ¿Ya quito el seguro? Chip mira la pistola, quita el seguro.
Chip: Mire que tonto, las cosas que a uno se le olvidan cuando esta ocupado.
Hombre: Ey, no descuide la pose, es esencial.
Chip: Bueno, ya. Ahora si. ¿Preparado?
Hombre: No.
Chip: No importa le deseo suerte.
Hombre: Gracias. Duda por unos segundos. ¿Puedo pasar al baño antes?
Chip: Me temo que esta descompuesto, quizá otro día.
Hombre: Bueno, me aguanto.
Chip: Adiós.
El hombre cierra los ojos. Esta temblando. Nada pasa
Hombre (gritando) : ¡Ya, dispare!.
Se cierra el telón.
Secuestro
Pareciera que mi cabeza es presa de algún siniestro aparato de tortura de la inquisición, el tacto con el volante me lastima, las arrugas que se crean en mi mano derecha tras 20 minutos de no pasar de primera me queman, mi mano me reclama atención así que levanto el pulgar simplemente para saber que sigue ahí. El olor a limpiador mezclado con sudor y demás aromas del cuerpo humano no hace mas que darme arcadas. Me estiro los calcetines que por el calor se me han pegado a la piel, al tirar de ellos pareciera que me arranco una costra de color blanco 100% algodón. Muevo los dedos de mis pies, primero los de uno y luego los de otro, así una y otra vez hasta que sale el siga y yo, como estoy programado de esa manera tan especifica, sigo.
Las nauseas las apago con un trago de coca-cola pero las madres montadas en gigantescas camionetas de batalla tocan el claxon sin cesar, los taxistas que no tienen otra cosa mejor que hacer que destrozarme los nervios siguen presionando el claxon, los puedo ver desde la ventana de la izquierda, con la mano aplastada encima del volante y pareciera que el calor ha fundido sus manazas gordas y morenas a su vehículo. En medio de todo están los albañiles con sus taladros y sus gritos intentando terminar de darle forma al fin de mi modo de vida. Una anciana me hace la parada y yo gentilmente me freno justo enfrente de ella y espero a que suba, los demás pasajeros se hacen los dormidos con tal de no dejarla sentarse. Apenas son las tres de la tarde y en la radio no hay nada bueno así que dejo que un muchacho con una guitarra colgada del cuello suba y toque un par de boleros para obtener 10 o 15 pesos a lo mucho. No toca demasiado bien pero al menos se mantiene en el fondo, junto a la salida, sin estorbar demasiado, como debería ser. Miro por el retrovisor esperando que alguien me entretenga con sus acciones y desgraciadamente lo mas que encuentro es una pareja que se intenta comer la cara del otro, los observo por un rato hasta que pasa Alberto a toda madre con la micro a reventar, va tan rápido que los que van colgados de la puerta podrían caer en cualquier momento.
“¿Qué paso abuelo, ya chambeandole otra vez?”
Le contesto algo que me parece que va a así “Si, no que tu nada mas andas jugando a los arrancones”. Alberto se ríe y pisa el acelerador, se pasa el alto y hace maniobras para no atropellar a la gente que intenta pasar la calle corriendo aun cuando esta el puente al lado. Paso junto a los cines y una gran contingente de estudiantes de medicina (o de personas que usan batas blancas a todos lados por ninguna razón en especial) se sube, el ultimo de ellos es el encargado de pagarme con monedas de a un peso que cuenta una por una hasta que finalmente se rinde y me entrega todas y cada una en la mano que tengo estirada desde que subieron, cuento el dinero con la mirada y le intento devolver los cinco pesos de cambio que le corresponden pero no me hace caso así que tengo que gritarle para que me ponga atención. Un oficinista sube 2 metros después de la parada, me entrega un billete de a doscientos y hace caso omiso de mis gestos de fastidio. Bajo la velocidad y busco en el bolsillo de la camisa algunos billetes de a veinte y con la otra mano cuento las monedas, le entrego su cambio y él sigue hablando por celular. Los estudiantes de medicina crean un coagulo en medio del pasillo dejando sin oportunidad de bajarse a la anciana, tengo que gritar “recorranse” varias veces hasta que uno de ellos se arranca los audífonos y me escucha haciéndole saber a los demás mis instrucciones. En periférico el camión se llena y tengo que arrancar antes de que una madre y sus 3 hijos pequeños me hagan la parada pues probablemente queden aplastados y magullados entre la gente.
Durante el corto trayecto que queda es mas de lo mismo, gente baja y gente sube, siempre igualando la ecuación, intento acelerar el proceso llendome lo bastante rápido como para que las personas se difuminen en un solo borrón no identificable. Doy un suspiro al llegar a San Angel, por fin puedo bajar a las mujeres detrás mío que vienen hablando desde la base; A los dos albañiles borrachos que comen tortas de milanesa envueltas en papel estraza manchado de aceite, que comen como cerdos y en consecuencia la mitad de lo que se intentan meter a la boca termina en el suelo. Dejo a los niños que se la pasan llorando pues su madre les pega de zapes en la cabeza cada vez que se le antoja. A las mujeres gordas y sin bañar que apenas se sientan caen dormidas con la tvnotas entre manos. Dejo a los incontables alumnos de secundaria, a esos pequeños salvajes que saltan de un lado a otro, que inocentemente le agarran una teta a su compañera, que ocupan toda la parte de atrás. Por fin termino mi ronda, ahora es tiempo de limpiar toda la basura que producen mis encantadores pasajeros, me armo con mi trapeador, una jerga y lo ultimo de una botella de maestro limpio olor a limón. Escucho la radio para después poder apagarla tranquilamente tras esperar demasiado a que el conductor diera paso a la música (todo como preámbulo a los comerciales). Desde la mañana me reprocho mentalmente el dejar los cd’s encima, adentro o abajo del refrigerador, cuando llegue a casa me quitare esa duda de la cabeza y podré dormir con una sonrisa pegada a mi cara. Ahora bien, mejor dejo de darle vueltas al asunto pues me encuentro cara a cara con un niño escondido bajo los asientos de hasta atrás que me mira por primera vez, como si no se hubiera percatado de que soy el chofer y que tengo que sacarlo de aquí.
-”Señora, señora, se le anda olvidando su hijo”
Grito con desesperación, con ilusión de que alguien me conteste pero es inútil, la mujer del puesto de dulces solo me mira como si estuviera loco y no quiero que los de la base se rían de mí. Meto la cabeza y cierro la ventana, es evidente que ya es demasiado tarde para que mis acciones causen algún efecto, es imposible que alguna mujer despistada me oiga desde donde estoy, pero claro, también es medio imposible que a alguna madre se le haya olvidado su otra mitad. Me siento en un asiento al que instantáneamente quedo pegado por acción del calor. ¿Por qué el niño no lleva llorando desde que se separo de su madre?. Hago cuentas, me esfuerzo por recordar caras, de eliminar las que llevan un excedente de vello facial, busco en mi memoria alguna mujer que haya tardado en pagarme pues hacia malabares con el niño en un brazo mientras abría el monedero con la boca, empiezo a tener frente a mis ojos la vivida imagen de una mujer de veinte, con el niño de la mano -este que me mira en el suelo como esperando a que lo ataque parece saber caminar- , pareciera que se acaba de levantar, que un día miro a su crío y ya no pudo mas. También esta la posibilidad, no hay que descartar ninguna, de que alguna de las dos payasitas que se subieron en el Elektra hayan planeado darme en la madre dejándome al producto de una noche de amor con el güero que vende mp3’s. Quizá alguna de las múltiples niñas de secundaria que lleva escondiendo a su bebé en el armario, que dio a luz mordiendo un cojín para que su madre no la oyera, quizá el niño se subió solo, pero no parece de los que venden chicles, este parece que su madre no lo explota para comprarse una cajita feliz y darle al niño el sobre medio vacío de catsup. El problema que vuelve el ejercicio de mis teorías en algo totalmente inútil es que no oí a ningún niño, no oí a ninguna mujer regañando a su hijo, si lo intento lo suficiente puedo dejar de engañarme y recordar que jamás vi a ninguna mujer, ni las payasitas (que pudieron haber traído al infante escondido dentro del vestido pero inhalar thinner nunca ha hecho a la gente demasiado astuta) ni a ninguna otra. Las demás mujeres venían cargando distintas cosas y se bajaron en distintos lugares, pero ninguna traía a cuestas al niño que me sigue mirando fijamente.
Corro hasta la tienda y compro una coca-cola y un chocolate para el niño, a lo mejor así lo convenzo de irse. A lo mejor así lo saco del rincón en el que ha armado una fortaleza con su sudadera y zapatos. Con el Carlos V en la mano llego en son de paz, modulo mi voz de distintas maneras para no asustarlo, agito el dulce en el aire en un intento de llamar su atención, meto la mano en un lado de la defensa impenetrable y le vuelvo a ofrecer el chocolate, no me lo arrebata de las manos, no se que hace, no alcanzo a verlo desde la posición en que me encuentro. Con sus pequeñas manos rompe la envoltura mientras yo sigo sosteniendo el Carlos V, siento como lo muerde intentando que no me de cuenta. Me distraigo pensando en que tengo que llevar a este niño a la policía, sosteniendo el chocolate con los dientes el niño lucha por quitármelo. Yo no me niego, me siento a tomar mi refresco y a intentar oír algo de lo que hace el invasor de mi microbús, no lo oigo masticar ni respirar ni hacer un solo intento por comunicarse conmigo.
El infante emerge de su cueva con la boca manchada de chocolate, se pone los zapatos y me da la basura en la mano, camina con seguridad, sin agarrarse de los tubos ni nada. Aviento la envoltura hecha pedazos al bote de basura que instale a petición de algo que me dijo Rocío, algo de ayudar al medio ambiente, sin embargo, nadie lo ha notado y mirarlo vacío al final de cada turno me vuelve cada vez mas incrédulo. Pero aun creo que todo se arreglaría si pusiera un bote extra en la parte trasera para evitar que tengan que levantarse para tirar sus cosas, pero vaya, he pasado varias horas pensando en donde poner el otro bote y jamás logro decidirlo.
Lo que sigue es una tediosa lucha por hacerlo salir de mi camión, le ofrezco otro chocolate como carnada, lo tomo de la mano, le ruego, lo jalo de las piernas intentando arrastrarlo hacía la puerta pero el niño se resiste, se me escapa de las manos como si fuera una anguila, tiro de su ropa hasta que se desgarra pero el niño insiste en quedarse en un rincón acurrucado jugando con la envoltura del segundo Carlos V que me arrebato sin darme nada a cambio. Me salgo del autobús, doy un par de vueltas y saludo al borlas (jamás he oído su verdadero nombre) y a Martín que están bebiéndose una cagüama en la banqueta. Me invitan a sentarme con ellos, pero siento que si meto una gota mas de alcohol en mi estomago voy a terminar vomitándolo todo. Anoche no fue una buena noche. Anoche fue mas bien una repetición constante de tequila y squirt, de ir a orinar a una esquina junto a un basurero, una noche de intentar ahogar con orina a las ratas que pasaban corriendo y las agruras y la sensación de nauseas me recuerdan el desliz de la noche anterior a cada segundo. Así que para no quedar mal hago como que doy un trago a la gorda botella que apenas y puedo sostener entre mis manos, todas mis acciones me parecen terriblemente falsas, desde el tener que imitar el sonido de la cerveza pasando por mi garganta hasta el “ah” de satisfacción que espero no suene muy fingido. De un rincón, de alguna parte que no capta mi deteriorada visión, se aparece la Lupita, cargando con una mochila de las chicas superpoderosas convertida rudimentariamente en bocina para poder dar una muestra de la calidad de los mp3 que vende por 10 pesos (calados y garantizados), me dice que me trae al príncipe de la canción. Un billete de a veinte salta del bolsillo de mi camisa como por acto reflejo. Lupita no tiene cambio así que me da un montón de cds con portadas mal fotocopiadas, he de escoger otro disco para no tener que ver mis 10 pesos de vuelta, agarro uno al azar. Martín le pasa la cagüama a Lupita, ella bebe largos tragos como intentando impresionar a alguno de mis compañeros, como una adolescente en una fiesta primigenia de secundaria en la que el único objetivo es hacer fondos y ver quien vomita primero, Lupe no dista mucho de esa descripción pero las cicatrices en la cara de cuando era puta y las otras cicatrices de cuando se moneaba en el metro la hacen ver algo mayor, aunque apenas hace 3 años que dejo la secundaria por un galán cualquiera y la corrieron de su casa, agarrando una mochila embutida con un pants azul raído y su uniforme y su vientre de embarazada con la otra. Dos semanas después aborto en una clínica clandestina en la parte trasera de una casona de la roma y al poco rato su novio la abandono pues ella no quiso irse a vivir a Hidalgo con los papas del chavo. Si se esto es porque Lupita me acompaña de vez en cuando en los trayectos de san ángel a la joya y viceversa y periódicamente me cuenta las mismas 4 o 5 historias que yo siempre escucho con total atención. Nunca, ni una sola vez, le he pedido que vaya conmigo, ella simplemente se sube al vuelo y se sienta en la escalera. La radio es suficiente compañía para mi pero no le niego el derecho a un viaje gratis y ganarse algo de dinero en el camino.
“Oye, Willy, ¿qué hace ese chamaco ahí dentro?” Pregunta Lupe en un momento de lucidez, señala al interior de mi micro donde el infante esta mordiendo los asientos para luego proceder a sacar el relleno y usarlo de peluca. Me debato entre echarme a correr y detenerlo mientras aun puedo, de amarrarlo con un lazo y detenerlo antes de que le prenda fuego a mi microbús o quedarme aquí esperando a que el niño se aburra y se vaya por su lado, que alguien mas lo encuentre y se haga responsable. En vez de eso le contesto a Lupita que esta loca y que no hay ningún niño, le digo que ya se deje de andar drogando, que le va a joder las neuronas, que ya anda alucinando y luego para mas efecto dramático me levanto de golpe y me voy antes de que Lupe entienda lo que dije y se moleste. Enciendo el motor y me dirijo a ningún lugar en especial, el niño sigue en la parte trasera, parado en los asientos, esta intentando agarrarse de los tubos pero su diminuta altura no lo deja. Doy varías vueltas a revolución hasta que me encuentro con una patrulla de policía. Me detengo rápidamente esperando que los oficiales no se den cuenta que iba a exceso de velocidad y me bajo a pedirles ayuda. Me paro en la puerta de la patrulla y les toco en la ventanilla pero los policías están dormidos y tardan un rato en desperezarse. Bajan la ventanilla y me preguntan cual es el problema, entonces yo volteo a ver al niño que esta sentado en el asiento del conductor fingiendo conducir, moviendo el volante y la palanca de velocidades, supongo que imitando mis movimientos, y hasta bebe de mi coca-cola. Lo veo ahí con la ropa hecha pedazos y me doy cuenta de que va parecer que lo he querido secuestrar y, presumiblemente, violar así que echo a correr de regreso a mi camión disimuladamente, solo atino a decirles que un auto se paso el alto y sentí que era mi deber ciudadano avisarles. Ellos ni caso me hacen y se vuelven a dormir. Al niño lo levanto con una mano y automáticamente se dirige hacía la parte de atrás dando saltitos. Pienso en regresarme a la base y abandonarlo ahí, pienso en jugarle una broma de mierda a Lupita y decirle que es el fantasma de su infante no-nato y dejarlos a los dos con la esperanza de que algo haga clic en ella y se despierte su instinto maternal. Pienso en buscar una casa hogar y pedir ayuda, pero me da un poco de pena, no se que procedimientos tenga que hacer para eso, además de que no soy lo suficientemente insensible como para no terminar pensando en el niño siendo descuartizado en una barranca, con sus órganos dentro de algún ejecutivo antes moribundo.
Doy vuelta en u rápidamente, haciendo caso omiso de los conductores que estrellan el puño contra el claxon y me dirijo a san ángel otra vez. Ahí detengo la micro (me gustaría tener otros nombres por los cuales llamarle a mi vehículo pero nunca fui tan cursi como para ponerle nombre ni de llevarlo a bautizar a la iglesia para tener suerte en el camino) y tomo de las axilas al niño, salimos a la calle. Él quiere volver a la comodidad y seguridad de los asientos de atrás pero lo tomo de la mano aplicando una fuerza considerable para evitar que se me escape, cosa difícil pues tiene las manos sucias, con restos de chocolate y grasa y se me resbala de entre las manos de vez en cuando así que termino tomándolo del cuello como a un perro. Me acerco a la primera mujer que veo. “¿Señora, se le perdió su hijo?”. La mujer se aleja de mi como si yo apestara a alcohol y le hubiera hecho propuestas indecorosas a las 3 de la mañana, sujetando su bolsa como si ahí guardara su alma. Repito la operación. “¿Es este su hijo?” La apurada sirvienta o cajera de la comercial me mira con sorpresa, su cara llena de dudas y culpa, se echa a correr murmurando “no yo soy virgen y ese niño NO se parece a Humberto”. Inmediatamente me dirijo hacía la siguiente, que no meja preguntarle nada y solo me patea en la entrepierna repetidamente. A la siguiente la intento convencer diciéndole que tienen los mismos ojos y ella se ofende pues no quiere aceptar que trae lentes de contacto azules. La mujer con tres hijos siguiéndola como pollitos los cuenta varias veces antes de decirme que no. Me acerco a un auto estacionado y levanto al niño a la altura de sus cabezas esperando que lo reconozcan pero el conductor huye como si el niño tuviera un montón de explosivos alrededor de la cintura. En mi desesperación se lo ofrezco a una niña pequeña que juega con un bebé de plástico. “¿No te gustaría tener un niño de verdad?” Y la madre de la chiquilla agarra a su hija protegiéndola entre sus brazos y me grita “degenerado”. Todo es cuestión de haber escogido las palabras equivocadas así que después de un par de etcéteras infructuosos, un hombre me ofrece cinco mil por el niño, pero también tengo que ir yo y según entiendo grabar toda la transacción. Tomo al niño de la mano -pues todo lo que me dice hace que mi conciencia haga beep beep beep- mientras el hombre se agarra la verga y me grita “Para que quieres hacer negocios si luego se te abre”.
Camino a casa entiendo en su totalidad lo que quería el hombre, me siento orgulloso de mis decisiones, me siento una buena persona, así que estoy ansioso por llegar a casa y sentarme a comer algo y contar todo mi día a Rocío que es terrible hablando de algo que no sea la televisión pero es increíble para poner las caras adecuadas cuando le cuento una historia que a mi me parece interesante. Aunque no se como reaccionara cuando le diga que aun traigo a mi relato a cuestas. Nunca termino de gustarle el hecho de tener a nuestros dos hijos llorando toda la noche todos los días hasta que cumplieron medio año, después de eso fue respirar unos segundos y luego zambullirse en gritos y peleas y no poder entrar al baño jamás sin tocar y desentenderse de las revistas porno mal guardadas bajo la cama; Nunca le gusto pero ella creía que había tener hijos para ser un buen matrimonio así que tuvimos dos hijos que nos dieron varías visitas al hospital y una crisis nerviosa para Rocío. Aprieto el acelerador pues el niño se esta agarrando el estomago, mira con deseo el relleno de los asientos que arranco en la tarde y a mi se me olvido desayunar pues tenía que comprar algo de pan y quería ir antes de que todas las madres del colegio de a lado se arremolinaran ahí solo para usar el estacionamiento gratis (aunque al final solo me dormí un rato en mi asiento) así que a ambos nos gruñe el estomago de un modo sincronizado.
Es toda una hazaña bajar del autobús al niño, tengo que hacerle cosquillas para que suelte el tubo y baje conmigo, tengo que poner el candado y el bastón con una sola mano, las llaves me las busco haciendo malabares pero aun así nada evita, por desgracia, que llegue a casa después de un desvío en la panadería -a punto de cerrar, me vendieron todo desde la puerta, sin dejarme escoger que quería- y mi plato sigue ahí, dos huevos estrellados con una línea de salsa verde, tengo la vaga esperanza de que el tocino se movió tres centímetros a la derecha pero se que no es así y se que voy a tener que enfrentar la furia silenciosa de mi esposa. Espero un comentario sarcástico, una mirada de odio, pero con lo único con lo que choco es con ella mirando la televisión con el teléfono a la mano. Tiene la mirada vidriosa y una pequeña sonrisa mientras la pantalla anuncian un milagroso horno que usa tecnología japonesa para eliminar todo rastro de grasa en los alimentos. Encuentro que es mejor no molestarla en esos momentos pues esta convencida que su llamada no va a entrar y no va a poder aprovechar la gigantesca promoción solo valida por 15 minutos así que me regreso a la cocina donde mi pequeño problema se acaba de devorar mi desayuno, se agarra la lengua y se abanica con la mano. Le sirvo un vaso de agua de limón que el bebe rápidamente, le sirvo otro. Mi mujer entra justo cuando me estoy preparando la cena (entiéndase: calentándola en el microondas) y me ofrece hacerme algo de cenar (entiéndase: lo mismo que el paréntesis anterior) yo le digo que no, que estoy bien y la saludo con un beso en la mejilla, costumbre que no recuerdo cuando empezó pero que ahora parece un tic, aun cuando despierto a su lado nada mas verla entrar al baño mientras me estoy rasurando, aparece algo que empiezo a creer es un tic, mi cabeza gira hacia la suya y le beso la mejilla como si hace horas que no la viera, como si hubiera estado mirándola mientras ella dormía tranquilamente nada mas acostarse.
“Bueno, si se te ofrece algo me avisas, si no, me voy a dormir” Dice mi mujer entre bostezos antes de saltar por la sorpresa que le provoca mirar al niño sentado en la mesa escupiendo las semillas del limón al vaso. Se sienta y señala al niño. “¿Qué es eso?” Me dice tartamudeando, lo dice también en voz baja como intentando evitar que el chamaco nos oiga. “Pues un niño, ¿Qué mas?” le respondo, sirviéndole otro vaso de agua a nuestro invitado. “Si, si. ¿Pero que hace aquí?” haciendo especial énfasis en la palabra aquí, mi mujer puede que este muy cansada, le concedo eso, no quiero creer que realmente no entiende nada. Le cuento toda la historia obviando las partes de la resaca y del beber en horas de trabajo, ella solo asiente a ratos, cuando termino de contarle, ella espera mas aun cuando le digo “y eso es todo”, solo se levanta y le da la mano al niño y pregunta algo que me da en la madre.
“Hola, ¿Como te llamas?”
Por suerte mi ego no queda herido de muerte por no haber hecho esa cosa tan simple desde el principio, en mi defensa yo quería devolver al niño a sus dueños y saber su nombre no me parecía esencial. El niño no contesta y mi mujer sonríe, le acaricia la cabeza y le pregunta si quiere algo de cenar pero él no dice que así que Rocío lo lleva hacía el refrigerador y así el niño le señala lo que quiere, ella se toma la molestia de cocinarle lo que piensa que él desea. Mientras él come, ella le hace preguntas. Mientras juega con los restos de huevo -picándolos con el tenedor- ella le pregunta donde vive. Cuando el niño termina de comer, volviendo a lamer el plato ella para, deja de hacer preguntas y me cuenta en secreto “creo que es mudo o tiene un problema de esos” como si fuera de vital importancia que él no oiga que es mudo pues hasta ese momento no lo sabe pero en cuanto las palabras llegan a sus oídos entonces comienzan sus problemas y empieza a querer hablar.
Durante la noche mi esposa se levanta constantemente a revisar que nuestro pequeño invitado tenga suficientes cobijas. Lo observa desde la puerta para saber que esta bien. Intento ignorarla así como ella olvida mis frecuentes idas al baño. Saludo a la madrugada oyendo sus pasos de un cuarto a otro, simulando dormir. Ellos dos se han quedado hasta tarde mirando la única película de Disney que Rocío encontró entre los vhs de nuestros hijos. Antes de poder quedarme dormido la oigo dar un suspiro de algo que, pienso, es felicidad. Me dice que mañana después del trabajo va a preguntar en la delegación que hacer así que me tengo que llevar al chamaco a hacer el turno de la mañana. Le gruño la respuesta adecuada y caigo rendido a las 2 de la mañana. Tengo un sueño que parece mala comedia del 7, dos hombres que me recuerdan a los ladrones que salían en chespirito, el clásico gordo mórbido con su contraparte diminuta, que secuestran al niño -que es hijo del subsecretario de algo importante- en un laborioso plan que involucra sobornos a policías y detención del trafico a mitad de insurgentes. Ellos bajan de una Hummer negra blindada y todo el acto es impecable, hasta que descubren que han dejado las llaves dentro de la camioneta y tienen que escapar en microbús. Se suben a uno y a otro para despistar a la policía, se ocultan cada vez que oyen una sirena pero en realidad no los sigue nadie pues olvidan que han sobornado al comandante de la zona. Se suben a mi camión y deciden que los riesgos son mas grandes que los beneficios y abandonan su vehículo a la abundancia monetaria dejándome a mi como único culpable ante la policía. Luego entro en un estado semi-consciente en el que pienso aun mas en el día de hoy. Mi mujer parece encariñada con el niño seguramente porque es todo lo opuesto a Daniel y a Mario, no hace ningún escándalo y no rompe la mitad de las cosas por andar corriendo por ahí. Con él puede compartir su único placer en esta vida, la televisión y puede descargar todo el amor maternal que guardo por que sus hijos no eran dignos de el. Rocío no es una mala mujer, siempre intento hacer lo que ella creía era lo correcto durante nuestro noviazgo y cuando nos casamos casi por inercia (la conocí a ella y luego deje de molestarme por buscar algo mas) ella cocinaba siempre para los dos, cualquier cosa que pudiera preparar, cualquier receta en la parte de atrás de una envoltura. Miraba la televisión simplemente para sacar ideas para la cocina pero luego llegaron los niños y le destrozaron los nervios, desde entonces se encuentra parcialmente catatónica. Solo se arrastra de un lado para otro de la casa, sale a trabajar en su eterno empleo de secretaria en un banco y por las noches escucha mi día. Me alegro por ella pues por fin ha encontrado un pasatiempo mejor que ordenar aparatos de ejercicio (Tenía una cierta obsesión por su físico, pensaba que parte de mi distanciamiento hacía ella era porque no era lo suficientemente bonita y que no hacía las cosas correctas en la cama, jamás la pude convencer de lo contrario pues no trate lo suficiente) y sea feliz por el resto de su vida recordando a u nuestro pequeño inquilino, contándole a todas sus compañeras del trabajo las pequeñas hazañas de este diminuto anónimo. No estoy seguro de que se vaya a querer desprender de él y se que si encontramos a los padres del niño ella va a pedir volver a verlo una que otra vez.
Por la mañana me encuentro la cama vacía y al niño mirando la televisión. Recién bañado y metido dentro de viejas prendas de Daniel. Se ve como si él se hubiera encogido por la noche pues la ropa le queda enorme a pesar de que las mangas las tiene dobladas cariñosamente. Le pregunto si quiere algo de desayunar y su respuesta es irse corriendo hasta la cocina. Le preparo otro par de huevos estrellados pues parecen gustarle sobremanera. Me baño y nos vamos a trabajar en una mañana soleada, en la que la gente se oculta en cualquier atisbo de sombra que pueda encontrar. Los de la base me preguntan varías veces quien es el niño, en todo el tiempo en que he estado conviviendo con ellos no les he contado ni siquiera que tengo una esposa por lo que les sorprende verme con un muchacho que podría ser mi hijo (si yo tuviera quince años menos). Yo les digo que es el hijo de mi hermana, al cual estoy cuidando por un par de días, si les miento es porque la verdad no tengo necesidad de contar la misma historia una y otra vez solo para ver sus caras de perplejidad. Ellos se parten de risa diciendo que es mi nieto pero como a eso de las 11 de la mañana comienzan a acostumbrarse al cambio en su hábitat.
Él se va sentado en el suelo junto a mí y la gente instintivamente le da el pasaje para que inmediatamente después él me lo de a mí. Al parecer somos un gran equipo. Por la tarde me dirijo hacía la reunión de microbuseros para discutir el problema de nuestro futuro desempleo pues un letrero en la parte de atrás del micro de Martín me lo recuerda media hora antes. Ahí discutimos la posibilidad de la posibilidad de organizar una huelga pero principalmente mis compañeros se dedican a mentar su suerte y a nuestro jefe de gobierno. Alguien menciona haber presentado el examen para ser conductor del metrobús, dice que no es tan difícil y todos los demás le reprochan su falta de solidaridad. Otro menciona plantarse en el carril del metrobús el día de la inauguración, es la única idea aplaudida por todos hasta que se menciona a la policía pues la mayoría no tiene sus papeles en orden. La única decisión verdadera que tomamos es la fecha de la siguiente asamblea. Le explico todo al niño mientras vamos en el microbús, le hablo de mi desacuerdo con la opinión general y de mis deseos de presentar el examen, pero se que no voy a lograrlo pues soy demasiado viejo; Él solo asiente y quiero creer que me ha entendido mejor que los demás, que mi mujer y mis hijos, mis compañeros y Lupita, que los extraños que hablan conmigo mientras conduzco pues se sienten solos y creen que yo siento lo mismo. Regreso rápidamente a casa y ahí me encuentro con que Rocío ha hecho la cena y le ha comprado una rebanada de pastel al niño. Cenamos a otro ritmo, mi mujer me cuenta de su intento de sacar algo en claro de la delegación. “Me mandaban a otra oficina nada mas preguntar algo, al final terminaron enviándome a la primera en que pregunte pero cuando llegue ya habían cerrado” y continua hablando, algo que me parece no ha hecho en años así que atesoro cada momento. “La señora de la otra calle pregunto que quien era el niño que vino a casa ayer y le conté que era el hijo de Daniel que se estaba quedando en lo que su papá regresaba de Cuernavaca por un negocio que tenía allá”. La vecina siguió haciendo preguntas y me dijo que pensó que Daniel era desempleado. “Hasta me ofreció dinero, ha de creer que secuestramos al niño”. Ambos nos reímos sonoramente. “Ahora que lo pienso hoy sentía que me observaban y voltee hacía su ventana y la pude ver espiándonos detrás de las cortinas”. Le pregunto cuanto cree que nos darían por el rescate y después de un largo silencio preferimos volver a reír de un modo forzado como si yo hubiera dicho un chiste especialmente malo.
Después de la cena ambos se instalan en el sillón a mirar la tv, yo tomo un café en un rincón siendo agradablemente ignorado. Comienzo a cabecear hasta que los gritos de mi mujer me sacan del trance, me señala al televisor, donde en el programa de la farándula presentado por hombres y mujeres con la cara rígida como una escultura desde la ultima inyección de botox; Muestran una conferencia de prensa de la primerísima actriz de telenovelas, Elena Zurita, en la que ella llora dramáticamente como le aconsejo su manager. Habla de que perdió a su hijo hace dos días. “¿Esa es tu mamá, no?” le pregunta mi mujer al niño y el no responde nada, no se acerca a la televisión a tocar el rostro de su posible madre, no hace nada. Mi mujer esta convencida de que es Elena Zurita (el presentador me recuerda que es famosa por “Secretos de amor”, la telenovela mas vista de los últimos años) la madre del niño. Muestran una fotografía borrosa y ella no descansa hasta encontrar todos los rasgos que concuerdan entre la foto y el niño que tiene junto a ella. Al parecer hace dos días regreso de una gira de trabajo para encontrarse con que su mucama y su hijo habían desaparecido. “Yo quiero mucho a Braulio, es lo mejor que me ha pasado en la vida” dice la actriz, que llora inconsolablemente mientras su ex-marido la toma entre sus brazos. Luego oigo algo acerca de autismo y me quedo dormido. Mi mujer me sacude para despertarme y me hace prometerle que voy a llevar al niño a televisa a ver si nos pueden ayudar a reunir a Braulio (desde ayer le dice así, como intentando acostumbrarse a la idea de que ese niño no es suyo, aun cuando es solo una remota posibilidad implantada en ella por la televisión) con su madre. Le digo que si, que al rato lo llevo y luego vuelvo a dormir no sin antes oírla dar vueltas por la casa.
Nada mas despertar mi mujer nos da de desayunar con resignación, se despide de su hijo adoptivo y lo abraza, le desea suerte y le da un beso en la mejilla que le deja una mancha de carmín. Llevo al niño a comer una hamburguesa, no puedo evitar pensar en que a lo mejor no va a quedarse para siempre con nosotros y que realmente lo voy a extrañar. Le pido una cajita feliz pero el adolescente que me atiende me dice que en burger king no venden la cajita feliz, yo le digo que me de una cajita feliz, termino amenazando con llamar a su supervisor y recibiendo a cambio el paquete para niños genérico. Nos sentamos a comer, bueno, él divide su hamburguesa en dos y le clava papas a la francesa, yo tomo un café aguado. Lo llevo al baño de la mano y lo cargo para que pueda usar el orinal. Salimos en dirección a Televisa mientras yo miro las manchas de orina en mis zapatos. Ya ahí, después de buscar un lugar donde estacionarme -una hazaña casi imposible- vamos a preguntarle al hombre de seguridad si puedo hablar con alguien pues creo que tengo información acerca del hijo de Elena. “¿De Elenita? -dice como si fueran íntimos amigos y todos los días se vieran para comer- Póngase en la fila”. La fila esta compuesta por mujeres con niños de la calle, con sus propios hijos, con los hijos del vecino, con niños a los cuales ofrecieron pagarles por acompañarlas. Soy el único hombre de esa fila y todas las mujeres me miran amenazantes nada mas llego. Todas hablan entre ellas y todas presumen tener al verdadero hijo de Elenita. Todas vienen muy arregladas y con la esperanza de salir en la televisión para contar la triste historia de como encontraron a este niño en la calle, llorando y pidiendo que lo llevaran con su madre, cada una de ellas sintió algo por el niño así que lo llevo a su casa, todas vieron la rueda de prensa de ayer y supieron inmediatamente a quien tenían al lado pues era “igualito a la Zurita, esos ojos no se le olvidan a nadie”. La fila avanza lentamente, el movimiento es imperceptible pero cuando me detengo un poco pues no veo el caso a avanzar tres centímetros la señora que esta detrás mío me empuja e intenta quedarse con mi lugar. Me jalan, me aplastan con tal de llegar antes que los demás, no vaya ser que alguien mas tenga al niño mas parecido a Braulio y ellas ya no puedan conocer a Elenita. Al cabo de una hora estoy a punto de entrar, el de seguridad me sonríe y desde donde estoy alcanzo a ver a un muchacho en una mesa haciendo firmar a las mujeres algo y luego las hace salir sin mas, pues no tienen el boleto premiado. De un taxi se baja dios en persona, o eso parece pues todas las mujeres se arremolinan a la puerta con sus Braulios en las manos, mostrándoselos a Elena Zurita que saluda a sus fans con tranquilidad, que firma autógrafos y se desprende de sus aretes para dárselos a una señora que no paraba de tirarle de la oreja. Desde el fondo se escuchan murmullos “Ella siempre tan generosa, hasta en los momentos en que dios le quita todo.” y “Ella si es una buena cristiana”. Elena me mira con desconcierto, con la pluma lista para firmarme la frente cuando reconoce a su hijo después de unos segundos de duda en los que su cara se deforma en un rictus de terror. Se acerca a mi y se pone de rodillas, comienza a llorar. Un camarógrafo y su respectiva reportera de 20 años llegan corriendo, ella viene maquillándose. “¡Braulio, mi amor! -levanta la voz para que todos la oigan- Sabía que te encontraría, no te imaginas cuanto sufrí por ti”. Braulio no se acerca a su madre, se queda prendado de mi mano y yo no puedo, no quiero desprenderme de él así que lo tomo entre mis brazos mientras las señoras y la cámara y Elena me siguen con la mirada, las primeras me intentan detener, el de seguridad hace como que se acerca a mi sonriendo a la cámara pero aun así logro subir con los dos al auto y emprendo la huida.
Detrás de mí suenan sirenas y un helicóptero de la policía, yo voy en línea recta hacía el único lugar en el que puedo pensar, Una Hummer rosa me sigue a toda velocidad. Los andenes casi terminados del metrobús se difuminan a la velocidad que voy, me salto los altos, una anciana echa a correr para no ser atropellada. Las patrullas intentan cerrarme el paso pero yo evado cada obstáculo con gracia mientras enciendo la radio y le pregunto a Braulio si se quiere bajar. Suena mi celular y lo busco dentro de mi chaqueta. “Guillermo, estas en las noticias, ¿por qué haces esto? Ya me llamo la policía para ver si les puedo dar tu numero y yo no quise por temor a que te hicieran algo. Ya frénate por favor, mi amor.” Yo freno mas bien choco mientras abrazo a Braulio para protegerlo, en el retrovisor puedo ver toda la extensión de insurgentes, enfrente de mi cara llena de vidrios esta la estructura de metal del metrobús y el letrero que dice “próxima inauguración”.
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